Recuerdos de la niñez April 12, 2007
Posted by Tindriel in Varios.trackback
Esta tarde me he acercado a unos grandes almacenes con la intención de comprarme cierta película que había visto anunciada. Película que debí ver mal anunciada, porque lo cierto es que no sale hasta la semana que viene. Sin embargo, mientras miraba, descubrí otra que me ha arrancado una sonrisa y que ha dejado en mi interior un poso de nostalgia.
Tengo recuerdos muy inconexos de mi niñez. Imagino que como todos, claro. Recuerdo el tendedero y la silla de pasear en el primer piso en el que viví. Recuerdo el olor de pipa, y cómo lo buscaba, cuando mi padre aun fumaba. Un plato de spaguettis con tomate y otro de melón con jamón. Unas bailarinas danzando “El lago de los cisnes” y el día en que murió Félix Rodríguez de la Fuente. Y entre todos esos recuerdos hay uno que siempre me arranca una sonrisa. Uno en el que me recuerdo grande y aventurera, dispuesta a enfrentarme con cualquier cosa. En ese recuerdo paseo por el campo de cierto pueblo de Ávila disfrazada de Peter Pan.
Recuerdo haber visto la película (después de unos capítulos de Spiderman) y recuerdo haber esperado algunas noches a que él apareciera por mi ventana. Pero esos recuerdos pueden no ser reales, porque hace demasiado tiempo. El recuerdo que sí es real es el de aquel disfraz, verde y marrón, con mallas, gorro y cuchillo de plástico. Y gorro con pluma. Y sé que es real porque lo guardé durante años. Sobrevivió a decenas de limpias anuales que organizaba mi madre, incluso cuando ya hacía años que no podía ponérmelo. Lo guardaba en un sillón de mimbre, regalo de unos Reyes especialmente generosos, junto a otros tesoros. De vez en cuando lo scaba y recordaba aquella única tarde que tengo en la memoria, paseando por el campo, viendo bichos, cortando hierbas con mi cuchillo de plástico, hablando a unos niños que no recuerdo, pero que eran mis niños perdidos.
De pequeña yo no quería ser Wendy. No quería ser los niños perdidos. Quería ser Peter Pan, y me vestía como él. Quería volar, y cantar y pelear con piratas y cocodrilos. Y no crecer nunca.
No sé qué fue del disfraz. Imagino que mi madre ganaría la batalla y lo tiraría. O con suerte lo donaría a alguna parroquia u ONG y otro niño lo disfrutaría. En el camino al hoy perdí muchos tesoros, pero no siempre me acuerdo de ellos: mis peluches de Chu Lin y Shao Shao, mi pizarra, el Barco de Piratas de Playmobil… y el disfraz de Peter Pan.
A veces, lo malo, o bueno, de las películas, es que te ves reflejado en los protagonistas. A veces, simplemente, querrías ser ellos.
Todos esos tesoros los tienes guardados en el corazón en forma de recuerdos.
Uno de mis recuerdos mas gratos de la niñez es uno en que una reina gorda y malvada (hecha con piezas de Lego) le quitaba a Dorothy (la del Mago de Oz, también hecha con piezas de Lego), las zapatillas rojas y se las embutía en los pies, con lo cual le quedaban las piernas como morcillas. Entonces se reía malignamente, daba tres pasos, y se caía al suelo, momento que Dorothy aprovechaba para quitarle las zapatillas. Como ves, diferentes infancias, diferentes recuerdos. ¿Y todo ésto para qué? Pues para decir que las piezas de Lego se fueron hace muchos años, pero los recuerdos permanecen. Y eso es lo que importa.
Es una experiencia curiosa. Hace tanto tiempo que no siento el deseo de ser el protagonista de una película, que no puedo decir que recuerde cuándo fue.
hola soy el autor de aladecolibri, el blog donde está tu post sobre si la vida es justa.. bueno me acabo de enterar que escribí mal el nombre de tu blog jejeje. Tienes muy buenos pensamientos, espero que tengas twitter u otro página donde podamos hablar mejor. saludos desde Piura – PERU