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July 11, 2002

Posted by Tindriel in Trabajo.
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13.09

Tener el trabajo que tengo puede llegar a ser estresante, pero casi nunca es aburrido (si te dan tarea). El periodismo es una profesión, más bien un oficio (la política y los intereses económicos la alzaron a una categoría que no se merece), que no suele gozar de gran consideración entre el público. Sobre todo en determinados círculos (los roleros son un buen ejemplo). Pero sin embargo, casi todos han/hemos soñado alguna vez con poder sentarnos frente a algún famoso, alguien a quien admiramos por su obra/trabajo/lo_que_sea y poder charlar con él distendidamente durante media hora sobre aquello que nos atrae de su personalidad. Eso, en ocasiones, es ser periodista.

Sin embargo, entre mis compañeros de promoción, ese no era el deseo más habitual. De algún modo todos queríamos ser Woodward&Bernstein, o lo que es lo mismo, “todos los hombres del Presidente”. Todos queríamos destapar el Gran Escándalo que sacudiera a la sociedad. Todos queríamos tener un “garganta profunda” que nos encumbrara a la fama. Todos queríamos ser protagonistas de la historia. Esto casi nunca es ser periodista. Sólo ocurre una vez cada mil años, y es poco probable (que no imposible) que te toque a tí. Así que lo mejor es disfrutar las entrevistas, las investigaciones menos reconocidas, pero igualmente gratificantes, y no desesperarse.

Pero me he desviado del tema. Un ejemplo de lo divertido que puede llegar a ser este oficio lo tenemos hoy en la página web de El Mundo. Unos científicos (seguramente locos) han realizado un estudio sobre chistes, querían averigüar de qué se ríe la gente. Supongo que en la realización del estudio lo habrán pasado como enanos (tantos los científicos como los conejillos de indias) y estoy segura de que el periodista que ha recibido el informe y ha redactado la noticia tampoco lo ha pasado mal. Eso sí, quizás mañana tenga que hablar de la tasa de suicidios entre adolescentes, o del SIDA en África. Aún así, siempre aprenderá algo de su trabajo, si es capaz de mantener la mente abierta a toda la información, si no se limita a transcribir lo que los poderosos quieren que todos leamos. Si no se deja llevar por la inercia de un oficio que cada vez es menos artesano y más de producción en cadena. Yo lo intento, aunque no siempre lo consigo, lo sé.

Hoy estoy optimista, parece. Hoy encuentro cosas buenas en mi profesión, en mi vida. Quizás la idea de un blog donde volcar pensamientos puntuales, pero que puedan ser releídos en malos momentos, no era tan mala. Quizás, quizás, quizás…

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