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August 5, 2002

Posted by Tindriel in La vida.
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12.20

Seis días sin escribir. Soy un desastre, y lo peor es que luego me quejo de la irregularidad de otros. En fin, paradojas e incongruencias de la vida.

Hoy no parece ser un buen día. Mi úlcera va creciendo mientras veo como en mi trabajo reputados profesionales se pasan por el forro los más básicos principios de la ética profesional. Y yo sin poder decir absolutamente nada. Es lo que pasa cuando tienes que pagar un alquiler y eres una becaria-colaboradora con un contrato precario y unas posibilidades mínimas de continuidad. Y no es que sea mala en lo mío, según parece no lo soy, pero la sección en la que me han colocado empieza a tener demasiada gente que cubre todos los planes de la actualidad. Y yo, claro, me quedo sin campo. Lo último, que a la nueva adquisición (buena amiga mía) le adjudicaron un tema que me pertenecía porque ella ya debía hacer temas de primera línea. Es decir, yo tengo la idea, pero como no importa si yo aparezco o no se lo dan a la que sí es necesario que firme grandes temas. Y eso ¿dónde me deja a mí? Pues a un paso del paro y a dos de la desocupación plena, o de la ocupación en otros aspectos de la economía nacional. Juré que no volvería a poner copas, pero me veo, en unos meses, sirviendo cubatas a borrachos insoportables. Negras perspectivas, por lo que se ve. Mejor cambiemos de tema.

Este fin de semana me han pasado un par de cosas curiosas. La primera ratifica mi teoría de que cuando un chico me dice que soy increíble y maravillosa pueden pasar dos cosas: o estoy detrás de una barra sirviendo alcohol y pretende que se la regale, o es gay. O las dos cosas a un tiempo. O que se haya dado un golpe en la cabeza y sufra desorientación y amnesia temporal. El viernes conocí a un chico (bueno, tenía 40 años) en un bar de Chueca y claro, era gay. La conversación fue divertida, y la situación también. De hecho su novio acabó invitándome a un viaje de prensa a Yemen del Sur. Por supuesto, quedaron encantados con mi personalidad, aunque el susodicho de 40 años acabó diciéndome algo así como “eres maravillosa y encantadora, pero como no cambies te van a dar más ostias que a un tonto”. Negras perspectivas también por este lado.

Mi casa esta solitaria estos días. Mi compañera de piso se ha tomado unas merecidas vacaciones y me he quedado solita. Lo bueno, gozo de inmejorable independencia y una intimidad hasta ahora desconocida. Lo malo, me estoy acostumbrando y cuando vuelva la convivencia será algo más complicada. Pero bueno.

El sábado fui al cumpleaños de un compañero de trabajo y conocí a su novia. Llevan varios años saliendo juntos, pero aunque pasan la mayor parte de las noches haciéndose compañía, cada uno tiene su casa. Una solución intermedia que me parece bastante aceptable. Tienes lo bueno de la pareja y te quitas lo malo de los matrimonios. Se lo plantearé al próximo que se dé un golpe en la cabeza.

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