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August 26, 2002

Posted by Tindriel in Pasiones, Trabajo.
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13.53

Mientras espero que se estrene El fantasma de la Ópera, y se publique mi reportaje sobre el tema, sueño despierta con la noche en que por fin descubra todos los secretos del montaje. Y no es que me queden muchos por saber, pero no es lo mismo imaginarlos que verlos.

Largo y aburrido fin de semana éste que dejamos atrás. El calor, las tormentas y ¿por qué no? las pocas ganas de salir de la cama han hecho que los momentos memorables de estos días sean escasos. Aún así, me alegro. Después de tantas semanas de sustos y sorpresas, necesitaba unas horas de tranquilidad.

Pero eso no significa que no haya pensado y repensado sobre ciertos temas. Entre ellos, cómo no, el periodismo y algunos de los que se precian de practicarlo. A mis manos llegó el pasado viernes una revista de información general con un reportaje sobre el musical antes citado. La verdad, no me preocupaba demasiado su contenido. Quizás fuera petulancia, o quizás el convencimiento de que con la diferencia de tiempo disponible para las entrevistas (yo tuve cerca de una hora para cada actor, y ellos 10 minutos) las cosas que podríamos contar serían muy diferentes. También un detalle, que todos esperaran para despedirse de mí y me agradecieran la entrevista. Esas cosas te llenan del orgullo del trabajo bien hecho.

A lo que íbamos, el otro reportaje. Al leerlo me sorprendió que la redactora incluyera algunas anécdotas provocadas por mí durante la “sesión”. Pero eso era de esperar. Lo que me indignó es que las contara como le diera la gana, es decir, mal. Aunque no voy a llamarla para decírselo. El jefe de prensa lo sabe, y entre risas lo hemos comentado hoy. Afortunadamente mi reputación está a salvo. Y como última perla, algo de lo que me dí cuenta pero he querido comprobar hoy. En un momento del texto habla de la ópera “Aníbal, Lefèvre”. Mis ojos se dolían sólo de leerlo. Y no sólo porque demuestre un absoluto desconocimiento de la novela de Gaston Leroux, del musical de Webber o del mundo de la ópera. Sino que, además y más importante, demuestra que, o no sabe leer o no presta atención cuando lo hace. El dossier de prensa del musical dice: “(…)Aníbal. Lefèvre, el empresario(…)”. Gran invento el de los signos de puntuación que permiten separar conceptos. Aunque la gente no haga ni caso… Así nos va.

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