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September 20, 2002

Posted by Tindriel in Yo soy yo.
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13.32

Siempre me pasa lo mismo, y es que aunque tengo 25 años, a veces parece que tengo 13. O menos.

Nunca he controlado el tema de los “tempos” de una relación. Nunca sé qué hay que decir y cuándo, cómo se debe actuar en cada momento. Quizás es que sea demasiado incosciente, o demasiado impulsiva. O demasiado sincera como para controlar cada paso que hay que dar. Y así me va.

Cuando se supone que hay que ser, digamos, modosita, yo soy una especie de huracán que propone mil y un planes para quedar y ver a “esa” persona. Y cuando hay que ser más lanzada, yo me escondo en mi caparazón y no muevo un dedo. Lo peor que puede pasar es que, en el primer caso, les asustes. Y en el segundo, les desanimes aunque no haya razón.

Y ahora estoy de nuevo en esa brecha en la que no sé muy bien cómo tengo que actuar. He mandado un mail a, llamémosle X, y ha contestado al punto en un tono bastante correcto, pero a mi entender carente de ningún entusiasmo. Sí hay algún halago, aunque los considero más fruto de la cortesía que de cualquier otra cosa. También alguna referencia a futuras salidas, una con más gente conocida y otra para acudir juntos a una tertulia literaria (algo que yo le pedí). Pero nada específico.

Y claro, como soy como soy, he tenido que meter la pata y lanzarme de nuevo a una piscina sin tener muy claro si el agua que contiene iba a impedir que me abriera la cabeza. he mandado un mensaje a su móvil diciendo que el lunes o el martes me tenía que pasar por su lugar de trabajo, que si no tenía nada mejor que hacer podíamos tomarnos un café. Su respuesta, dentro de los más absolutos términos de la corrección diplomática ha sido “claro, por qué no”.

En fin, lo que debí imaginarme hace tiempo. O más bien, de lo que debí convencerme. Conclusión, olvidaré a X. El lunes o el martes haré por allí lo que tengo que hacer y volveré a mi puesto de trabajo, sin café ni conversación. No volveré a escribir un mail hasta que no lo haga él, ni mantendré ningún tipo de contacto por voluntad propia. Si nos volvemos a ver, no haré nada que le pueda hacer pensar que me gusta. Y desde luego, no propondré ningún plan.

Cuando he recibido su mail esta mañana estaba contenta. Ahora lo estoy menos, y va in crescendo. No es sólo que él me haya rechazado, sino la larga lista de rechazos que ya tengo a mis espaldas. Volveré a mi caparazón, del que, desde luego, no debí salir. Y esta noche tengo una cena, que cada vez me apetece menos. Si no fuera por que sé que encontraré algún amigo….

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