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November 8, 2002

Posted by Tindriel in Yo soy yo.
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17.37

Desde hace unos años tengo una pregunta que, de forma intermitente, me acosa. “¿Soy invisible?” Según el número de visitas de este blog (más de 1200) que registar el servicio de estadísticas la respuesta debería ser, evidentemente, “no”. Si la gente me lee será porque mis acciones tienen consecuencias visibles. Entonces, ¿cuál es el problema? ¿Será que soy muda?

Hoy le comentaba a un amigo que desde hace años yo hablo y la gente no escucha, no presta atención, o no toma en serio lo que digo. Su respuesta era que hablara “dando saltitos”, por si era un problema de altura. Al principio incluso he pensado si podía o no ser una opción. Horas después la he descartado. Si diera saltitos la gente prestaría atención a mis gestos, y no a mis palabras. Así pues, voy a quedarme quieta. Quizás incluso deje de hablar.

Hay otro amigo que sabe cómo me siento cuando pasan estas cosas. Cuando descubro que la gente que puede hablar conmigo no está dispuesta a que yo hable con ellos. Es como ayer en el trabajo. Estábamos todos estresados. Se cambió la portada, las historias no salían… un desastre. Cada uno intentábamos capear el temporal como podíamos. Yo, simplemente, trataba de no levantar la mirada de la pantalla. No separaba la oreja del teléfono. Para una vez que lo hice, una compañera decidió descargar “a su manera” el estrés. Su manera consiste en decir borderías, en mal tono, al primero que pasa. Son bromas, pero nunca tiene en cuenta el estado del que las recibe.

Bien, pues ayer me tocó a mí. Me tragué cuatro o cinco borderías, y cuando me mosqueé encima me echaron la bronca porque no había sabido ver que mi compañera “estaba muy estresada y era su forma de desahogarse”. ¿Y qué pasa conmigo? ¿Por qué tengo que aguantar sus historias si ella no va a aguantar las mías? ¿Por qué tuvo que descargarse conmigo y no con cualquier otro de los que estaban en la redacción? Como siempre, acabé claudicando. Agaché la cabeza y pedí perdón por mi “salida de tono”.

Pero volviendo a mi amigo, a él también se le olvida a veces. Claro, es humano. El problema viene cuando se le olvida a la vez que se les olvida a los demás.

Por suerte me voy a Dublín el lunes, y tardaré en regresar una semana. Así pues, mi silencio no se notará mucho. Pero que quede claro que, a pesar de todo, os voy a echar de menos.

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