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November 25, 2002

Posted by Tindriel in La vida, Yo soy yo.
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13.13

Lo inevitable siempre termina por pasar. Da igual lo preparado que creas estar, lo mucho que hayas intentado mentalizarte. Da lo mismo, porque va a pasar y nunca vas a estar preparado para ello. Eso sí, el golpe puede llegar a ser menor.

El fin de semana ha sido extraño. Lleno de escenas kafkianas. Rodeada de una sensación de irrealidad parecida a la que tienes cuando fumas más de la cuenta. Sigo sintiéndome así, aunque poco a poco voy aterrizando.

Quizás no haber derramado una sola lágrima haya aportado su granito de arena ha esa sensación. Llevo tres días viendo las cosas desde fuera. Advirtiéndo todo el ridículo de escenas que deberían provocar dolor. Riéndome de cosas que no tenían mucha gracia, que deberían haber empañado mis ojos. Porque, a pesar de todo, yo le quería. O eso creo.

Un amigo me dijo este fin de semana que lo que había demostrado era que podía ser muy fuerte, que era más fuerte de lo que todos pensábamos. ¿Tenía razón? Creo que no. Soy fuerte, lo sé. Más de lo que podría parecer a primera vista. Siempre lo he sido. Los golpes de la vida, que han sido muchos, me han endurecido y han acabado creando un armazón a mi alrededor. Tenía dos opciones cuando me pasaba algo: lamentarme o asumirlo. Probé lo primero, sentirme desgraciada, injustamente tratada por una vida que parecía divertirse destruyendo todo lo que yo creaba. No funcionó. Sentirme así no me ayudaba. Así que pasamos a la siguiente fase. Asumir las cosas, ¿y qué mejor manera de hacerlo que riéndote de ellas? ¿Buscando lo absurdo del dolor? ¿Contándolas tantas veces que al final las palabras perdían su capacidad de volverse armas? ¿Ridiculizar las escenas al máximo para convertirlas sólo en recuerdos, no en algo vivo que aún pudiera doler?

Pero eso tampoco funcionó. Lo llevé al extremo y ahora estoy aquí de nuevo. En un desierto que creí abandonar hace un año. Dispuesta a no llorar, capaz de controlar las emociones hasta el límite. Convencida de que nadie volverá a hacerme daño porque no voy a darle la oportunidad. Decidida a no volver a sentir. Y eso es lo que me pasa ahora. Que no siento nada. Ni alegría ni tristeza. He aceptado lo que ha ocurrido este fin de semana como si no me hubiera ocurrido a mí, como si se tratara de una película que había ido a ver al cine.

¿Fuerte? Sí, pero no sólo. Además muerta de miedo por darle a alguien un poder del que puede hacer mal uso. Creyente de que el daño que pueda hacerme yo con esta decisión siempre será menor que el que me puedan hacer otros.

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