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November 14, 2002

Posted by Tindriel in Pasiones.
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12.30 (13.30 en Spain)

Llueve. Lleva lloviendo desde ayer a las 5 de la tarde. Desgraciadamente ya no me quedan museos que visitar, por lo que mi “Bloomsday” esta un poco pasado por agua. Dublin, genial. Joyce, una maravilla. Y el resto, digno de ser recordado. La cronica la hare cuando ya este en Madrid (con posibilidad de escribir acentos y otras letras).

Pero no os preocupeis, mojada o no voy a intentar ver “Harry Potter” que aqui estrenan el viernes 15, aunque hoy hay un “special preview” en el que intentare colarme.

Besos a todos los que os acordais de mi, y a los que no. A los que me leeis aunque no escriba y a los que esperais al lunes. Besos a los que leo y a los que respondo. Besos a ti, que me esperas.

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November 10, 2002

Posted by Tindriel in Pasiones.
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20.25

Mañana me voy a Irlanda. Dentro de 14 horas estaré volando camino de un sueño que creí imposible.
Y luego 3 días junto a alguien a quien no sé cómo definir, porque las palabras no bastan.

Os echaré de menos y el lunes tendré millones de cosas que contar, espero que queráis escucharlas.

Hasta entonces, besos a todos. Pasadlo muy bien. Nos leemos a la vuelta.

November 8, 2002

Posted by Tindriel in Yo soy yo.
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17.37

Desde hace unos años tengo una pregunta que, de forma intermitente, me acosa. “¿Soy invisible?” Según el número de visitas de este blog (más de 1200) que registar el servicio de estadísticas la respuesta debería ser, evidentemente, “no”. Si la gente me lee será porque mis acciones tienen consecuencias visibles. Entonces, ¿cuál es el problema? ¿Será que soy muda?

Hoy le comentaba a un amigo que desde hace años yo hablo y la gente no escucha, no presta atención, o no toma en serio lo que digo. Su respuesta era que hablara “dando saltitos”, por si era un problema de altura. Al principio incluso he pensado si podía o no ser una opción. Horas después la he descartado. Si diera saltitos la gente prestaría atención a mis gestos, y no a mis palabras. Así pues, voy a quedarme quieta. Quizás incluso deje de hablar.

Hay otro amigo que sabe cómo me siento cuando pasan estas cosas. Cuando descubro que la gente que puede hablar conmigo no está dispuesta a que yo hable con ellos. Es como ayer en el trabajo. Estábamos todos estresados. Se cambió la portada, las historias no salían… un desastre. Cada uno intentábamos capear el temporal como podíamos. Yo, simplemente, trataba de no levantar la mirada de la pantalla. No separaba la oreja del teléfono. Para una vez que lo hice, una compañera decidió descargar “a su manera” el estrés. Su manera consiste en decir borderías, en mal tono, al primero que pasa. Son bromas, pero nunca tiene en cuenta el estado del que las recibe.

Bien, pues ayer me tocó a mí. Me tragué cuatro o cinco borderías, y cuando me mosqueé encima me echaron la bronca porque no había sabido ver que mi compañera “estaba muy estresada y era su forma de desahogarse”. ¿Y qué pasa conmigo? ¿Por qué tengo que aguantar sus historias si ella no va a aguantar las mías? ¿Por qué tuvo que descargarse conmigo y no con cualquier otro de los que estaban en la redacción? Como siempre, acabé claudicando. Agaché la cabeza y pedí perdón por mi “salida de tono”.

Pero volviendo a mi amigo, a él también se le olvida a veces. Claro, es humano. El problema viene cuando se le olvida a la vez que se les olvida a los demás.

Por suerte me voy a Dublín el lunes, y tardaré en regresar una semana. Así pues, mi silencio no se notará mucho. Pero que quede claro que, a pesar de todo, os voy a echar de menos.

November 6, 2002

Posted by Tindriel in La vida.
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15.13

Cuando algo sale mal, siempre hay una segunda historia peor. Esta mañana me he conectado a Internet para confirmar algo que ya creía saber, que el plazo de matrícula para el doctorado se terminaba el día 18 de este mes. Y menos mal que lo he hecho, porque la fecha tenía un 8, pero ninguna otra cifra. Es decir, el plazo se terminaba este viernes 8 de noviembre. Asustada he empezado a organizar mi agenda para que me diera tiempo a hacerlo y, precisamente para organizarlo, he llamado a los dos sitios donde tenía que ir de la universidad: donde recogería el sobre y donde lo entregaría.

En el primer sitio me han atendido muy bien, y me han dado un horario bastante compatible con el mío. El problema ha sido en el segundo lugar. No tanto por el horario como por la casi última frase de la conversación: “el plazo de matrícula ya está cerrado”. Después de un poco correcto “no me jodas” (estamos hablando de una universidad católica) hemos llegado al acuerdo de que intentaría pasarme cuanto antes y ellos intentarían solucionarlo. Veremos.

El consuelo que me queda es que voy a pagar, y por eso les conviene que vaya. Es mi única esperanza.

Pero es lo que digo, cuando algo sale mal, el resto va detrás. Primero se anula algo que me hacía ilusión, luego resulta que quizás pelearme por hacer el doctorado no sirva de nada. Dicen que no hay 2 sin 3. Miedo me da la tercera…

November 6, 2002

Posted by Tindriel in La vida.
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12.10

Hasta esta mañana, y desde ayer por la tarde, parecía que mis vacaciones no podían tener mejor comienzo. El viernes Madrid iba a recibir una visita algo inesperada que seguro nos arrancaba un par de sonrisa (e incluso muchas más) a algunos de los lectores (me incluyo en el grupo) de este blog.

Pero a veces las cosas no son como nos gustarían. Es una pena, pero hay que acostumbrarse. Sólo puedo decirte, a tí que venías a alegrarnos unas horas, una cosa: Et trobaré a faltar. petons

November 5, 2002

Posted by Tindriel in La vida.
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16.28

Cada día, por las mañanas, hago el mismo recorrido “virtual”. Primero, compruebo las 1.000 y una cuentas de correo que tengo dispersas por los servidores. Luego, visito los blogs. Siempre en el mismo orden, como si fuera un ritual religioso y el hacerlo de otra manera pudiera acarrear una lluvia de desgracias sobre mi cabeza. En psicología eso se llama “trastorno obsesivo-compulsivo”. Pero no es lo que yo tengo. De vez en cuando cambio el recorrido, y no me da miedo hacerlo (eso es lo que me diferencia). En mi caso es, triste resulta decirlo, simple rutina. Si cada día hago el mismo recorrido es, simplemente porque sé que voy a encontrar en cada paso. En ocasiones me sorprendo (ver el apunte de ayer) y eso refuerza mi voluntad de hacer las cosas en el mismo orden, para que las sorpresas sigan siéndolo. Cuando esté en Dublín echaré de menos la rutina y las posibles sorpresas. Echaré de menos este blog. Sí, ya sé que allí también existen los cibercafés. Pero no sé si tendré tiempo para buscar uno.

Hoy no estoy inspirada, lo sé. La recepción de algunos mails, la inexistencia de otros, y, sobre todo, la lectura de algún blog me ha dejado preocupada. Y no puedo pensar en otra cosa. Sólo, de vez en cuando, en mi viaje a Dublín. Ya he señalado los puntos claves en mi mapa (entre ellos el B&B en el que dormiré), he trazado recorridos indispensables, e intento organizar los días según las cosas que quiero ver/hacer. El primer día, evidentemente, se lo dedicaré entero a ese loco del que hablaba el otro día. Y aprovecharé para comprarme una buena edición de su, apreciadísima por mí, obra en la lengua original. Resumen, llevaré una maleta vacía y la traeré llena, de objetos y recuerdos. Igual que este fin de semana.

Y eso sí, os echaré de menos a todos. Y desearé llamaros cada dos minutos para contaros las maravillas que espero descubrir.

November 4, 2002

Posted by Tindriel in Yo soy yo.
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17.05

Me encantan los mails inesperados. Esos que, cuando aparece el mensaje de “new mail” te hacen esbozar una sonrisa y levantar las cejas, en una pose de alegre sorpresa. Me gustan sobre todo si son los lunes, quizás porque es éste un día de la semana al que no tengo gran aprecio. Me gustan casi tanto como odio comer una hamburguesa sentada en mi mesa de la redacción, pegada a la pantalla del ordenador, pendiente de que se cierre o no una historia. El problema es que estoy más acostumbrada a lo segundo que a lo primero. Aunque imagino que si cada día recibiera un mail sorpresa, dejarían de serlo, y me gustarían menos.

Este ha sido un largo fin de semana. Largo porque ha durado tres días (no me atrevo a llamarlo puente, ya que según mi definición no lo es). Y largo porque ha estado lleno de emociones, en el mejor y el peor sentido de la palabra. He visto menos sonrisas y más lágrimas de las que me gustaría. He visto demasiados ojos desencantados, demasiados porque eran de gente a la que quiero. Hubiera preferido que la reunión de este año se pareciera a la del pasado, en la que parecía que el buen rollo se había instalado entre nosotros.

En cualquier caso, no me arrepiento de haber ido. Espero haber sido de alguna ayuda para aquellos que me buscaron.

Estos días he conocido a gente que me ha sorprendido, unos por ofrecer una cara distinta a la conocida, otros por ser la primera vez que nos veíamos y hablábamos. Y no solo me han sorprendido, la verdad es que todos aquellos con los que he tenido trato han conseguido ir más allá de mis expectativas. Mucho más allá.

Incluso los momentos malos para mí, han tenido su lado bueno. He conseguido aclarar situaciones con una cuota de daño razonablemente baja y por fin me he dado cuenta de algo que mis amigos llevaban meses repitiéndome. Yo sólo soy responsable de mis decisiones y acciones, las consecuencias que impliquen la voluntad de otras personas no están “bajo mi tutela”. Ni las puedo controlar, ni las puedo dirigir, ni puedo pensar que tengo que dar parte de ellas. Este fin de semana me he decidido a ponerlo en práctica. Y no ha sido fácil, pero he conseguido no acabar con la cabeza a punto de estallar. Sé que si no lo hubiera hecho, mi estado de ánimo habría sido bastante bajo.

Y para terminar, el recuerdo de una frase que alguien me ha dicho estos días: “en el mundo existen dos grupos de personas: las que merecen conocerse y las que no. Gracias por ser parte del primero”. Pues eso chicos, gracias a vosotros, los que me leeis y formais parte de mi vida cotidiana, por ser parte del primer grupo. Los que, indudablemente, merecen conocerse.