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January 7, 2003

Posted by Tindriel in Yo soy yo.
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17.00

Llegó y pasó el día de hacer recuento del año. La fecha en la que todos, consciente o inconscientemente, pesamos en una balanza lo bueno y malo del año, para convertir lo que marque el fiel en el resumen que haremos cuando nos pregunten “¿qué tal se portó el año pasado contigo?”.

Más que en finales, yo suelo fijarme en principios de año. Normalmente cuando se acerca diciembre yo ya estoy tan hasta las narices de lo que ha pasado que quiero que el año se vaya rápidamente, y no me da pena despedirlo. En cambio, saludar a un nuevo es una sensación completamente distinta. Tienes ante tí 365 días para ser feliz o para cagarla. Según empiece el año, creeré que el destino (o yo misma) me depara unas cosas u otras.

Este comienzo de año ha sido raro en ese sentido. Lo empecé bien, con los athechuzos. Lo estropeé bastante, también en el aparthathe. Terminó de fastidiarse, en ciertos aspectos, y ahora vuelve a intentar remontar el vuelo, con las alas algo quebradas y miedo al vacío de abajo.

Pero incluso en este comienzo extraño ha habido algo que siempre ha estado ahí, que siempre ha sido fiel y constante. Mis amigos. Por eso sé que este año van a ser 365 días en los que la amistad será primordial.

Sé que cierta noche, no hace mucho, les dije a alguno de ellos que no quería sus sentimientos. Que no quería mirar dentro, ni tener la posibilidad de jugar con ellos. Que se los devolvía, para no tener responsabilidades. Lo siento. No debí decirlo. Ni siquiera debí pensarlo. No ahora, sino nunca.

En estos días, siete para ser más exactos, me he d cuenta de que a mi alrededor tengo mucha gente que desea conocerme. Que quiere quererme y ser correspondido. Gente que, alguna vez, ha mirado dentro de mí y no ha salido corriendo. Que han levantado la mirada y con un guiño cómplice me han hecho entender que nadie es perfecto, ni tiene por qué serlo.

Me va a costar. Mucho. Y lo sé. Pero espero que este año sea el de mi “apertura” real al mundo. Y para conseguirlo os necesito, chicos. A todos. Incluído a tí, que abrías esta mañana el blog con miedo a lo que pudiera haber escrito. Os quiero, y sólo quiero que vosotros también me queráis. A pesar de todo.

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