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Pufff… October 6, 2003

Posted by Tindriel in La vida.
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14.50

Hoy el día ha comenzado de manera extraña. Me he levantado con tanto frío que meterme en la ducha me ha exigido un enorme sacrificio. En serio, pensaba en ese momento en el que dejas de estar en contacto con el agua caliente para pasar a rodearte de una toalla (que siempre deja brazos y piernas al aire) mientras el aire te provoca un cambio brusco de temperatura. Sí, pensaba en ese momento y me echaba a temblar de antemano. Pero al final lo he hecho (ducharme). Que conste. Y luego ha llegado el momento crítico. Una vez que descubrí anoche que todos los vaqueros que sabía que me servían estaban sucios, tenía que empezar a probarme aquellos que hace meses no me puedo abrochar (bueno, algunos ni siquiera iban más allá de la rodilla). Y tengo que decir orgullosamente, que vuelvo a entrar en ellos. Sospecho que ha sido más mérito de mi estómago que de mi dieta o de mis hormonas reconducidas. Pero da igual, si los dos días de continuas visitas al cuarto de baño han obrado el milagro, bienvenidos sean. Eso sí, aún me faltan un par de kilitos, pero ya con mucha menos presión. Y es que no os podéis imaginar la pena que me entraba al abrir el armario y descubrir toda esa ropa que ya no me podía poner.
Pero sigamos. El viaje en metro ha sido aterrador. En el primer tren (línea 1 hasta Sol, dos paradas) iba un señor completamente desquiciado. De esos que se ponen a pegar gritos y a jurar en arameo sin que nadie se entere de lo que dice. Y si no hubiera pasado de ahí, a mí me hubiera dado igual, la verdad. Pero no, no contento con eso se ha puesto a pegar empujones y bandazos con los brazos en un vagón absolutamente repleto. Así que los pobres que le tenían más cerca nos han aplastado a los afortunados que íbamos más lejos, para poder protegerse. Y así hemos llegado a la parada. Donde ha arremetido contra todos los que intentábamos bajar. Yo me veía otra vez espatarrada sobre el suelo de una estación de metro, pero afortunadamente mis piernas no me han fallado. Y ¡Oh sorpresa! el señor se baja con nosotros. Los más avispados nos hemos apartado para dejarle pasar, pero algunos viajeros de otros vagones se han llevado una desagradable surprise. Feliz porque le perdía de vista, me he encaminado hacia el andén de la línea 2 (esta vez eran 4 paradas), sin notar que él hacía exactamente lo mismo… Así que al llegar al susodicho andén mis ojos casi se salen de las órbitas. pero esta vez he sido más lista. Al llegar el tren he esperado a que se metiera en un vagón, y yo me he metido en otro. Pero el viaje estaba gafado. Esta vez, un chico de unos 30 y tantos se ha pasado todo el viaje lanzando gritos del tipo ¡¡¡¡Heyyyyyyy!!!!. Y yo atrapada en el abarrotado tren, sin poderme cambiar de vagón.
Al final he llegado sana y salva a la redacción, donde me esperaba una nueva sorpresa. Tras algunos saludos y preguntas interesándose sobre mi delicado estado de salud, he entrado en la sala de reuniones para hacerme con un par de ejemplares de mi revista, y de la que se hace en la 5ª planta. Feliz cual perdiz la he abierto para comprobar cómo había quedado finalmente EL reportaje y LA entrevista que yo firmaba esta semana. Aquí casi soy yo la que se pone a gritar incoherencias y a jurar en arameo. ¿Que por qué? Muy sencillo, porque el entrecomillado que ejercía de titular de la entrevista es falso. Es decir, la actriz entrevistada nunca me lo dijo. Y no sólo aparecía de titular, sino que lo habían incorporado al texto. Genial. Simplemente genial. Para asegurarme de que no me había vuelto loca, he repasado todo el bruto de la entrevista (la transcripción original de la cinta, antes de pasar por edición). Pero no, no aparecía por ningún sitio. Y no es que fuera una entrecomillado muy escandaloso, pero no tiene ningún sentido si se sabe lo que yo y la actriz, y cualquier persona que lo haya seguido, sabemos sobre el musical Cabaret.
Y pocas páginas después aparece una nueva sorpresita. Un reportaje firmado por mí del que yo sólo había escrito una pequeña parte. La explicación a este hecho ha sido más satisfactoria: el reportaje se había conseguido gracias a mí y así cobraba más. Pero aún así, o quizás también por esta explicación, me ha dejado un amargo sabor de boca. Y toda la situación me ha estado recordando, en todo momento, el libro que ahora leo Perro come perro de Jorge M. Reverte. Un análisis comparativo de cómo tratan los periódicos las mismas noticias. Toda una lección de ética periodística.
Y en medio de la reunión de la sección para planear el trabajo de esta semana, he tenido que salir literalmente corriendo para hacer una entrevista a un periodista rediofónico, porque mi jefa, que era la que lo tenía que hacer, se había olvidado de la cita y tenía que mandar a alguien para no quedar tan mal. Me ha sacado de la sala (en plena reunión) para decírmelo en voz baja, prefiero mandarte a tí porque tú tienes más tablas (¡¡Hey!! ¿es eso un halago a mis cualidades como profesional?). Al final no ha ido tan mal, o eso creo. Hasta, en más de una ocasión, me ha dicho aquello de buena pregunta, sí señor.
Y de vuelta a la redacción (otra vez corriendo) un nuevo marroncete. Mi jefa (la misma de antes, esa que me quiere tanto) me ha nombrado mala de la película del especial de navidad 2003 (juro que ella ha nombrado así la tarea) que consiste en recopilar todas las propuestas para dicho especial de TODA la redacción, hacer un primer filtrado, reunirme con ella, decidir qué entra y qué no, encargarlo y controlar que salga adelante. La pregunta es ¿cuánto me pagarán por ello? Espero que sea mucho, porque si no, el trabajo no merecerá la pena.
Así que después de un fin de semana nada tranquilo (he ascendido de ex consejera a jueza suprema de cierta ciudad), la semana tampoco ha empezado mal. Veremos cómo se desarrolla. ¡Ah! y hoy tengo mi primera clase de interpretación… deseadme suerte!!!
Eso sí, salvo en el momento de la tentación de jurar en arameo, sigo sonriendo.

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