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Buenos aires January 30, 2004

Posted by Tindriel in Otra mirada.
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– Pero hija, ¿Vas a hablas de sexo ahora que no lo practicas?
Una expresión de horror y vergüenza se reflejó en mi cara al escuchar, al otro lado del teléfono, la sentencia materna. Tal y cómo lo decía podía parecer que llevara meses de abstinencia, o que me hubiera convertido en una ursulina. Y no era eso. Simplemente ciertas incompatibilidades en la cama me habían hecho acabar con mi última relación esa misma mañana. Mi ex novio, Ernesto, tenía la curiosa costumbre de, digámoslo finamente, desalojar gases cuando hacíamos el amor. La escena era de risa. Estás con tu chico, en la cama, intentando pasar un buen rato y de pronto, sin aviso (al menos la primera vez, luego no sorprendía tanto) escuchabas unos sonidos que no pegaban nada con la situación.
Al principio pensaba que sería un problema médico, pero no. A él, simplemente le gustaba.
–Tienes que entenderlo-me decía- aumenta mi excitación. Siento si te hace sentir incómoda, pero no quisiera dejar de hacerlo. Otros tienen gustos aún más raros ¿no?
La verdad es que nunca supe a qué se refería con eso de “más raros”, ni quise preguntar, pero a mí me parecía que lo suyo era bastante peculiar, cuando menos. Cada vez que nos íbamos a la cama yo estaba pensando en cuándo comenzaría el concierto. A medida que crecía su excitación, se apagaba la mía. Estaba claro que no tenía ningún futuro. Así que le dejé.
Esa misma noche compartí con mis amigas una de nuestras cenas semanales en las que ponemos a parir a los hombres y nos contamos nuestras batallitas (sí, nosotras también lo hacemos, ¿pasa algo?). Estábamos las cinco habituales: Ana, Isabel, Andrea, Carmen y yo. Después de contarles que había dejado a Ernesto, las cuatro se lanzaron a despellejarle, sacando a la luz todos esos pequeños defectos que, hasta entonces, parecía que no importaban.
–Al principio me hacía gracia, pero dos días escuchando lo estupendo que decían sus ex que era en la cama, y acabé harta– comentó Carmen.
–A mí tu chico –apostilló Andrea– me recordaba a esos hombres que no hacen más que presumir del tamaño, y que luego resulta que hay que cogerla con pinzas, de lo pequeña que es.
–Siempre presumiendo de todo. Dicen que es del tamaño de un colín, y al final te encuentras con una aceituna.
Nos echamos a reír con la frase y los gestos de Isabel, mientras nuestros tres vecinos de mesa nos miraban entre asustados y divertidos. Uno de ellos era tan mono que desee estar en uno de esos restaurantes con teléfono que tan bien crean el clima perfecto para ligar. Ana se dio cuenta de mi elección y tras mirarle sin ningún disimulo, mostró su aprobación levantando su copa de vino en dirección al elegido. Isabel (que podría sustituir a las botellas de coca cola en su último anuncio, no sólo por las curvas sino porque también es “para los altos, para los bajos, para los que ríen, para los que besan…”) se dio cuenta de todo y ni corta ni perezosa se acercó a la mesa de los vecinos. Les dejó sobre la mesa la tarjeta del local donde teníamos pensado continuar la noche, susurrando a la vez una hora.
Cuando, media hora después, les vi entrar en el bar y buscarnos con la mirada, supe que la frase de mi madre era todo, menos profética.

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1. Nameless - April 9, 2007

Casualmente si en una escena de “amor” uno de los miembros de la pareja no es lo suficientemente bueno, ese es el miembro masculino. Misterios de la vida.


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