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De vuelta February 22, 2004

Posted by Tindriel in La vida.
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19:52

Mi cabeza me dice que estoy demasiado agotada para intentar explicar qué ha ocurrido este fin de semana. Pero mis ganas de intentarlo son mayores. ¿Cómo no hacerlo cuando se han vivido unos días como los pasados?

Todo empezó, claro, el viernes. A las 20.30 en la puerta del Círculo de Bellas Artes. Allí me esperaban mis numerosos acompañantes para la fiesta de presentación de Harry Potter y la Orden del Fénix. Lo pasé bien, aunque fuera más para niños inocentones que para otra cosa. Y salí de ella con un ejemplar de 893 páginas metido en una bolsa. Y con el audiolibro de la primera entrega ¡¡¡8 cds!!!

Luego, rápido, rápido a casa de Shelob para marchar a Logroño. En la maleta: ilusiones y ganas de pasarlo bien. Tras un divertido viaje amenizado por la música de Queen y sus fieles seguidores, llegamos a la ciudad sin tener ni idea de a dónde íbamos. Y por más que alguno lo intentaba no había forma de hablar por teléfono con nadie. Después de muchas vueltas, y del mareo de la rotonda, conseguimos encontrar a los anfitriones. Por puro azar, como siempre ocurren estas cosas. Y de allí, al hostal. Por el camino, explicaciones sobre el número de camas y ocupación de las habitaciones, y sobre la calidad del alojamiento. Pero nos mintieron. Nos dijeron que no era de lujo cuando, en realidad, la nuestra era la Suite Venecia. Lástima que no dispusiera de góndolas… Una vez desecados los pantanos, y unidas las tierras para conseguir meter a 4 donde sólo debían entrar 3, marchamos a saciar la sed que tanta agua nos había provocado. Aunque bebimos de todo menos agua, claro. La variadísima música del local acompañó nuestras ganas de juerga, hasta que debimos emigrar a otro sitio y descubrimos que no sólo en Madrid hay grandes amigos de lo ajeno. De vuelta al hostal, grandes risas a costa de los 100 metros lisos, una jauría de dobermans transformados por arte de magia en un simple perro-patada, la delgadez de las paredes y, ante todo, nuestras joyas de la corona.

Por la mañana, charlas, vinos y tapas cuyo yantar era un complicado arte. Una copa de pacharán (gracias Shelob por haberme descubierto esta deliciosa bebida), unos cigarros y una partida de mus (que aún está a medias) nos llevaron a la media tarde en compañía de los dos curas más divertidos de la ciudad. Risas en el camino de vuelta, problemas con el lacre, el terciopelo y el agua de la ducha resumen nuestras vidas hasta las 20.30, más o menos, donde nos convertimos en dos monjes, una araña muy seductora, dos estudiantes de Hogwarts, dos disfrazados de sí mismos y un ente indescriptible que era yo. Tan indescriptible que hasta permitió que le sacaran fotos. Primera cena de gala para algunos, el vino corría por las mesas haciendo que, quien se negaba a ser captada por las cámaras, acabara cantando sin (casi) asomo de vergüenza. Quién lo iba a decir…

Y de allí, al bar de la noche anterior, que repitió buen gusto musical (una pena que no tuvieran mi única petición) y donde el alcohol corrió como el agua de manantial (o tan fluído como un arroyo de monta?a para quien lo entienda). Más bailes, mucho calor, canciones que destrozaban gargantas, conversaciones serias, divertidas y absurdas, juegos con hielos y hielos que no jugaban, más fotos inesperadas. Y vuelta al hostal. Otra noche de risas y desvelos para los afortunados. Despertar con las campanas que llaman a misa y preparar todo para la partida. Un desayuno copioso y unas patatas que nunca llegaron llenaron nuestros estómagos. Gran susto mientras hablábamos, y espectacular capacidad de reacción. Realmente espero que ella esté bien. Viaje de vuelta en silencio, y llegada a casa para descubrir que yo también tenía mi Venecia particular en el corredor de mi casa.

Ya sólo me queda agradecer a todos que hayan hecho posible este fin de semana, que ha superado con creces mis expectativas más optimistas. Gracias por las risas, los cantos, las charlas, el recibimiento y, sobre todo, la buena compañía. Gracias por los buenos momentos. Y por vuestra comprensión en los malos. Por mirar para otro lado cuando os lo pedí, por buscarme unas servilletas cuando las necesitaba, por ofrecerme consuelo, un abrazo, una sonrisa cómplice, una ayuda profesional. Gracias porque aunque no entendierais qué pasaba exactamente, supisteis entender que no era una tontería, ni debía tomarse a la ligera. Gracias por preocuparos por mí, por estar a mi lado.

Y a ti, arañita, mil millones de gracias por todo. Por estar ahí, por reír conmigo. Por compartir la amargura e intentar hacerla más llevadera. Por desmentir tópicos e intentar que viera otras opciones. Por arrastrarme una ma?ana al Maes. Por ser una amiga.

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