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February 27, 2004

Posted by Tindriel in La vida.
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11.04

Siempre he tenido mal despertar. No es que me levante de mala leche, que también, es que siempre me cuesta reaccionar. Tardo en comprender por qué hay alguien que habla en voz alta en mi casa (¡¡¡no son horas!!!) y más aún en descubrir que si quiero que se calle tengo que levantarme y apretar un botoncito. Y después de eso, de vuelta a la cama, nunca sé dónde está el móvil que suena (encima de la mesa, a unos 10 centímetros de distancia) ni qué tengo que hacer para apagarlo. Por supuesto todo esto lo único que logra es que tenga que poner los despertadores 1 hora antes de la hora en que quiero abandonar las sábanas…

Pero el despertar de hoy se ha llevado la palma. No por malo, sino por extraño. Lo primero ha sido la radio, como siempre. Pero esta vez me ha dado la risa. Por alguna razón estaba soñando con Lord Voldemort, intentando verle la cara, y, claro, cuando alguien ha empezado a hablar he hecho, inconscientemente, lo que siempre se hace en estos casos: relacionar sueño y realidad. así que la voz que estaba escuchando se ha convertido, en mi sueño en la del malo malísimo de Harry Potter. ¿Y de quién era realmente la voz? De Rodrigo Rato (je je je).

Una vez resuelto el misterio de la voz, he vuelto a la cama. 15 minutos después ha sonado la alarma del móvil, que he apagado sin miramientos. Y he vuelto a los brazos de Morfeo. A las 9 (¡¡menos mal!!) ha vuelto a sonar el teléfono, esta vez una llamada de mi madre. He conseguido hablar con normalidad, pero no me acuerdo sobre qué… Sólo espero que no fuera muy urgente. Como ya era la hora he decidido levantarme y ha sido entonces cuando me he dado cuenta… ¡¡¡estoy completamente atrapada por el síndrome de abstinencia!!! Llevo 2 días sin mis pastillas, pero me he levantado con una preocupante sensación de necesidad, y con el cuerpo pidiéndome a gritos que le diera un chute de hormonas. La primera reacción ha sido ir a donde están las medicinas y tomarme una pastilla (sí, estaba muy dormida), pero afortunadamente no me quedaban. Así que no he tirado por la borda el último mes de tratamiento.

Al llegar al trabajo, con un dolor de cabeza horrible, he decidido llamar al médico. Al fin y al cabo nunca me había pasado. Al final he conseguido hablar con él, y me ha tranquilizado o imagino que eso es lo que quería al soltarme un: “¿y qué esperabas?” Tu cuerpo ya se ha acostumbrado a la ayuda externa”. Genial, ahora resulta que tengo un cuerpo vago y comodón. Bueno, al final me ha dicho que no me preocupara, que era normal, que me tomara algo para el dolor de cabeza y que el resto de síntomas se me pasarían… ¡¡cuando iniciara el nuevo tratamiento!! En fin, un desastre. Menos mal que hemos decidido tomárnoslo a risa…

Y ya que estábamos he decidido contarle mi otra pena al médico. Al levantarme he hecho un repaso a los vaqueros que tenía limpios, y como sólo tenía 1 he decidido ponérmelo, ¿obvio, verdad? Bien, el caso es que el citado pantalón no me entraba hace un año, cuando lo compré (es una larga historia) y ahora, tras pasar por las fases de ajustadillo, simplemente prieto y de “por fin entro en él”, hemos llegado a la de “¡¡¡necesito con urgencia un cinturón!!!”. Vale, alguno o alguna dirá aquello de “qué bien ¿no? Ya me gustaría a mí”. Pero yo no estoy contenta. Sí, he adelgazado mucho, pero me cabrea no tener control. Y si sigo así en breve no podré ponerme nada de lo que tengo en el armario… ¡¡Y paso de comprar más ropa!! Le he dicho a mi médico que se supone que ya no debería adelgazar más, que ya no estaba a dieta/tratamiento, sino que estaba en la fase de ‘estabilización”, y que no entendía nada. Aunque los teléfonos no tengan cámara sé que ha puesto cara de resignación mientras me decía aquello de “¿y qué esperabas?”. Así que nada, ahora a esperar a que mi cuerpo decida, por voluntad propia, que ya está bien con la talla que uso. Y espero que sea pronto, que vuelvo a tener los problemas de que lo que me queda bien de cintura para abajo me queda pequeño por arriba, y lo que me queda bien de pecho me queda enorme de cintura y caderas….

Y una vez atenta a la vida de la redacción me he enterado de que, ¡¡¿cómo no?!!, hemos decidido cambiar la portada esta mañana… ¿Me río o me echo a llorar después de todas las llamadas que he hecho esta semana?

Menos mal que afuera está nevando…

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