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La cena March 5, 2004

Posted by Tindriel in La vida, Trabajo.
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11.57

Finalmente conseguí grabar parte de la ceremonia de los Oscar, parte que incluye el video de presentación y las canciones de Billy Cristal. Lo he vuelto a ver, y me ha gustado tanto como la primera vez.

Ayer envié a medio Madrid a distintos actos culturales. Siguiendo la tradición todos los jefes de prensa organizaron algo para la noche del jueves, casi a la misma hora. Al principio pensé que, como viene siendo habitual, no podría ir a nada, pero me equivoqué. A las ocho de la tarde/noche me fui a la Real Fábrica de Tapices, para asistir a una cena y entrega de premios de literatura infantil y juvenil. No conocía a nadie personalmente, pero aún así lo pasé bien. Como siempre pasa en estas cosas no era la única un poco desubicada, y acabé congeniando con la responsable de publicidad de una revista de libros (qué envidia…). En mi mesa se sentaron, además de Mónica, un conocido periodista y escritor, su mujer, el responsable de Recursos Humanos y el Director Financiero de la editorial, y dos chicas que trabajaban en el Instituto Francés. Dispuesta a pasar una noche lo más agradable posible intenté ser extrovertida, y me lancé al ruedo con una broma sobre los departamentos de Recursos Humanos (el hombre en cuestión decía que no le gustaba el nombre y que lo iba a cambiar, siguiendo el ejemplo de una conocida marca de yogurt, por el de Relaciones Humanas. Y yo le dije que se pusiera el sobrenombre de Celestino). Afortunadamente la gente era agradable y hablamos de literatura, cine, telebasura y periodismo. Todo ello aliñado con curiosas anécdotas del periodista en su función de profesor de un conocido Master. Y hubo un amago de iniciar una conversación sobre el tema de moda la boda y la novia, pero se quedó en eso al descubrir que nuestro plumilla compañero de mesa era amigo suyo.

Casi al final de la noche me percaté de que entre los periodistas que habían ido a trabajar se encontraba una ex compañera mía, a la que por supuesto saludé. Además me permitió conocer a una serie de escritores a los que admiro (y disfrutar visualmente de uno en concreto). Me reí mucho, y si el postre no hubiera sido una (supongo) deliciosa pirámide de chocolate, todo habría sido perfecto.

Eso sí, con el cava podías jugar a adivina quién no ha ganado esta noche. La cara de decepción de algunos de los presentes era tan evidente que hasta daba mal rollo. Sobre todo cuando la persona en cuestión llevaba un traje carísimo y muy, muy de vestir que, probablemente, había comprado para la ocasión. Mientras, las ganadoras iban muy discretitas, como si realmente no esperaran subir al escenario. eso sí, el peor modelito lo llevaba la esposa de un secretario de estado: in-descriptible. Aunque sólo sea por no haber heredado ese gusto en el vestir me alegro de ser de izquierdas.

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