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March 23, 2004

Posted by Tindriel in Telegramas.
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13.00

Ayer mi querida shelob me hizo notar que llevaba demasiado tiempo sin escribir. Y tenía razón, claro. No sólo eso, me hizo darme cuenta de que lo echaba de menos. Así que me puse a pensar en que si las cosas eran así, qué hacía que no escribiera. Falta de inspiración, estado de shock, sensación de no tener nada que contar (¿desde cuándo eso ha sido un motivo?), cansancio… Y no, queridos lectores, no llegué a ninguna conclusión, pero sí a plantearme un arriesgado propósito: intentar buscar pequeñas cosas sobre las que escribir aquí en las siguientes 24 horas.
Y debo decir que he encontrado algunas. No son todas divertidas, pero es lo que hay.

Madrid, 22 de marzo de 2004. Sobre las 5 de la tarde
Sentada en mi mesa de la redacción observo pasar el tiempo mientras espero una llamada telefónica que parece no llegar. Para sentir que hago algo útil, y no perder el contacto con la realidad, decido abrir la página de últimas noticias de un diario digital (paso de la publicidad encubierta o descarada). La primera noticia que veo me deja casi sin aliento. En 11 días los psicólogos han atendido 18.000 consultas relacionadas con el 11–M.
Como no tengo otras situaciones para comparar decido que, aunque es una cifra muy elevada, es algo normal dada a magnitud de lo ocurrido. Familiares, amigos, voluntarios, vecinos… todos parecen haber necesitado hablar con alguien en algún momento. Creo que no puedo explicar la tristeza que me embargó al leer estas líneas. Y luego, la sorpresa. Los psicólogos del Colegio Oficial de Madrid recomendaban que los periodistas que cubrieron el suceso también acudieran a una consulta.
¿Los periodistas? ¿Yo entre ellos? Estos tíos están locos, pienso. Y mientras se lo cuento (divertida) a mi compañera de redacción veo cómo le cambia la expresión. Muy seria me dice que ella ya lo había pensado, que quizás me viniera bien poder hablar de ello con algún profesional… ¡¡¿Eh?!! ¿Se puede saber qué está pasando? Vale lo de la mención en la columna de mi jefe, pero esto ya es pasarse. Y entonces… bueno, vale, quizás no esté tan loca mi compañera. Quizás es cierto que desde entonces esté algo más triste, pero ¿no lo estamos todos? Además, el fin de semana lo pasé bien, pude divertirme, ¿eso no quiere decir nada?
No. Y lo sé perfectamente. Pero se me da tan bien engañarme a veces…Y sí, vale, que lo pasara bien es buena señal, pero que no sea capaz de pasar por Atocha (y esté dispuesta a hacerme 600 kilómetros yo sóla por no coger un tren en esa estación) no lo es tanto. Aún así, aparto estos pensamientos. Sé que no iría a un psicólogo si no me agarraran de la oreja, cosa que no va a pasar esta vez. Lo siento, es algo visceral y muy, muy personal. No puedo racionalizarlo.

Madrid, 22 de marzo de 2004. Sobre las 8:30 de la tarde
Después de un día de trabajo bastante infructuoso, y de un ratito en el ciber, llego a casa pensando en si cenar chino o hamburguesa. Abro el buzón y, en vez de encontrar una factura (as usually) me llevo una agradable sorpresa. ¡La Junta Directiva de la Asociación de la Prensa de Madrid me ha admitido como miembro de ésta! Vale, sí, mi cuenta corriente no se alegra tanto, pero podré mantener a mis médicos sin necesidad de mentir. Y si tengo problemas, no dependeré de los servicios jurídicos de mi empresa (bastante desastrosos según han demostrado últimamente). Vale, gana la hamburguesa.

Madrid, 23 de marzo de 2004. Sobre las 12 de la mañana
Voy camino de la redacción después de una visita al médico (no tengo nada grave). Paso al lado de un gran, y emblemático, edificio. Entre sus paredes reside el sueño de mi padre. Su meta profesional, lo que siempre ha querido ser. Hacía mucho que no pensaba en ésto. Su sueño… evaporado por la injusta decisión de alguien a quien él conocía. Su ambición, frustrada a pocos metros de llegar a la meta. Y es que estuvo tan cerca de conseguirlo que cada vez que pienso en ello me lleno de rabia. Y pienso en si es más doloroso renunciar a un sueño cuando alcanzas a ver que es imposible o cuando lo rozas con los dedos…

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