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Estoy en casa July 11, 2004

Posted by Tindriel in La vida.
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20.30

El sol busca una rendija (y alguna hay en mi destartalado toldo) para colarse en mi salón. Frente a mí, la página en blanco abierta en el ordenador, y tras ella, la televisión, emitiendo noticias. Mientras intento no escucharlas en exceso, pienso en levantarme del sofá y poner algo de música. Paso, estoy demasiado vaga.
Ayer fue mi mudanza, ¿a que no lo sabíais? Y hoy estoy en casa. Tengo más de 80 metros cuadrados para pasearme a mi aire, para llenarlos de libros, para recubrir de buenos momentos.
No hace tanto que pensaba que nunca podría decir que tenía una casa. Y ahora, con permiso
del banco, puedo decirlo. Firmé los papeles el lunes pasado, comencé a llevar muebles y hacer pequeñas chapuzas ese mismo día. Y, sin embargo, no era mi casa. Hubo momentos en que ni siquiera me gustaba.
Ayer estas paredes se convirtieron en lo que esperaba desde hace tiempo. En un sitio que podría llamar “hogar”. Y no lo hizo cuando terminamos de sacar las cosas de las cajas. Ni siquiera cuando estuvo todo colocado. Empezó a convertirse en “mi hogar” en torno a las 21.30. Cuando, de pronto, todos estabais allí, no para llevar cajas, sino para celebrarlo conmigo. Quizás por eso, o porque aprendí rápidamente la lección más importante del día (no estoy sola, y no tiene pinta de que lo vaya a estar en mucho tiempo), el caso es que me relajé. Y disfruté, casi por primera vez, de una fiesta que organizaba yo. Las cosas dejaron de importar, sólo un único pensamiento llenaba mi cabeza: mis amigos estaban allí, conmigo, y era genial.
Contar toda la fiesta, o de la mudanza, sería absurdo, casi todos los que me leeis estabais allí. Y, sin embargo, la tentación de hablar de vosotros es tan grande… Lo haré, si os parece, en orden alfabético.

– Athe. Tenerte cerca siempre es genial, ya lo sabes. Mil millones de gracias por la compra, por la cómoda, y, ante todo, por los abrazos que me diste a lo largo del día. Me encanta ver que el osito de peluche no ha cambiado.

– beor. Lamento no haber tenido chocolate negro 😉 Prometo que la próxima vez habrá. Gracias por cargar y trasladar. Lástima que nos viéramos tan poco, o eso me pareció a mí.

– Cassandra. Lo único que siento es no haber podido ayudarte en tu mudanza. Mil gracias por venir, más aún por quedarte. Genial tu paseo con los pantalones remangados tras el chapuzón de ron. ¿Sabes? Es genial verte sonreír.

– Dwymorwen. Niña, espero que gestionar los carnets de la piscina sea rápido, y así pueda tenerte de okupa 😉 Gracias, gracias, gracias por el kit-kat de media mañana en busca de tranquilidad. Gracias por la conversación en la comida. Creo que nunca te lo he dicho, aunque lo sabes, pero me caes mejor que bien. Me encantan las maratones televisivas planeadas contigo; las conversaciones (absurdas o no) que mantenemos cuando nos vemos. Todavía tenemos pendiente una noche de cachondeo revival. Y alguna cosa más que ahora no puedo recordar. Hay tiempo, y estoy segura de que podremos cumplir cada promesa.

– Earendil. Encantador, como siempre, fue el primero en presentarse. Y de los últimos en irse. Gracias por el pequeño masaje matutino. Me encantó que, finalmente vinieras a la fiesta.

– FaHsS!!! Vale, tus chistes no son los mejores del mundo, pero consigues que siempre me ría con ellos. Tampoco hace tanto que nos conocemos, pero has sabido hacerte un huequito junto a todos estos. Y te advierto que salir de ahí es muy muy jodido.

– Gorpik. No puedo leer tu blog, casi no sé de ti si no es por otros… Y, sin embargo… ¡¡¡leñe, qué difícil es no encariñarse contigo!!! Además de que haces unos rollitos deliciosos. Gracias por enseñar a Athair, te estaré eternamente agradecida.

– Imperator. Siento el grito que te metí… Pero sé que me lo perdonas, para eso eres un emperador clemente, de vez en cuando 😉 ¿Tengo que decirte que te quiero? No, sé que lo sabes ;)Por cierto, nunca te lo dije, aunque algunos ya lo saben: mil millones de gracias por las galletitas dejadas en mi blog en forma de comentario cada vez que me quejaba. No sabes lo que ayudaron… Aunque sólo fuera por eso, te mereces un gran hueco en mi vida. Además, con mi nueva mesa de comedor no tienes excusa… es genial para que hagas de master 😉

– Jofán. Junto a Kilmenir, aunque tú antes, me hicisteis cambiar mi opinión sobre los militares. Nunca pensé que puderan ser tan dulces 😉 Gracias mil por derribar prejuicios y hacer que volviera a tener la mente prudencialmente limpia de ellos. Eres, sencillamente, encantador. Y un auténtico cielo.

– Kilmenir. Después de un tiempo de parón parece que hemos retomado la amistad con fuerza, y no te haces una idea de lo que me alegra… Gracias por tu regalo de mudanza, fue genial, además, la forma de dármelo.

– Rapunzell. Niña ¿de verdad tengo que decir algo? Eres de lo mejor que ha pasado por mi vida. Agradezco cada minuto que pasas conmigo porque tener a mi lado alguien como tú es… un auténtico placer. Sabes que me tienes ahí para lo que quieras. Pero hoy quiero agradecerte la comprensión mostrada ayer ante mis preocupaciones. Y que te llevaras a Athair cuando empezaba a convertirse en cajito.

– Relatividad. Estupendo que finalmente pudieras venir, genial la conversación sobre relaciones en la terraza. Gracias por los abrazos.

– Shelob. Arañita, arañita… qué gusto recibir abrazos de 8 patas a un tiempo. Gracias por estar ahí cuando te necesitaba, gracias por el desayuno, y por las risas, los abrazos, las lágrimas compartidas, por confiar en mí y dejarme entrar en tu antro.

– Tomber. A pesar de tu gran tamaño, y de que dices que estás hueco, eres un pedazo de pan… Y tan, tan, tan abrazable…

Y sí, me faltan dos personas pero, lo siento, ellos van a parte:

– Capitán. Te conocí ayer, aunque tengo la sensación de conocerte de hace mucho, de tanto que me han hablado de ti. Quizás por eso estaba tan predispuesta a que me gustaras. Sin embargo, aunque no lo hubiera estado, habría sido imposible que me cayeras mal. Dijiste las palabras mágicas, y caí rendida ante ti. Desde ahora tienes una asidua lectora más, y una mano para cuando la necesites.

– Athair. Esto… ¿hay algo que no te haya dicho ya? Eres de lo mejor que hay en mi vida, estoy tan agradecida a los masters de Efeyl por hacer que nuestros caminos se cruzaran… Eres un cielo, y nunca podré agradecerte lo suficiente que estés ahí cuando te necesito, que me abraces cuando lloro al despedirme de una casa, que te preocupes por mí, por tenerme en cuenta. Siento enfadarte de vez en cuando, pero lo intento, no lo dudes.

Y poco más. Faltaron algunos, a los que se echó de menos. El Tindrichuzos inaugural fue un éxito, y los vecinos se portaron. El verano es largo, así que espero repetir en breve. Mi casa no sería mi casa sin vosotros, en todos los sentidos, así que espero que también disfrutéis de ella. Hay tantas cosas por celebrar, tantas citas inesperadas, tanto por compartir y tantos maratones (televisivos o no) por hacer…

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