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1.000 r.p.m. July 23, 2004

Posted by Tindriel in Otra mirada.
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Si el amor es una cuestión hormonal, y el sexo algo químico, ¿qué hace que nos encendamos? ¿Qué gestos, actitudes, palabras o actos hacen que se desencadene un torrente de reacciones que termina con nosotros, y a veces alguien más, en la cama? ¿Cada persona es un mundo o existen puntos álgidos en común?
–Adoro que me acaricien la nuca, es algo a lo que no me puedo resistir– ronronea Isabel.
–A mí, en cambio, lo que me gusta es que me besen en la oreja, justo en el lóbulo, con una perfecta mezcla de ternura y salvajismo.
– ¡¡Puaghh!! Carmen, de verdad, no sé cómo puede gustarte eso –interviene Ana– Creo que no hay nada más desagradable que un beso en la oreja. El ruido de succión, justo en tu oído, la lengua dejándote todas las babas en…
-¡¡Basta, basta, basta!! No me lo puedo creer Ana, algún día tendrás que contarme cómo consigues que algo placentero parezca siempre taaaan desagradable. Cualquiera diría que no disfrutas con el sexo… –apunto con cara de sorpresa – Pero no es eso a lo que me refería. Está muy bien lo de los besos en el cuello, o las caricias en la espalda, o que te pongas a mil cuando te tocan los tobillos…
–¿Los tobillos? –pregunta Ana divertida– ¿Te pone que te toquen los tobillos? ¿En alguna postura especial? ¿Con las manos o con la lengua?
– Calla, idiota. A mí no, sólo recordaba un novio que tuve. Era tocarle los tobillo, si quiera rozárselos levemente, y ya estaba dispuesto…– recuerdo con un mohín divertido– Pero no nos desviemos. Lo que quiero saber es si hay alguna situación en la que no os podáis controlar, en el metro, en la cocina, de viaje…
– ¡En la cocina!– exclama Marta que hasta ahora estaba muy callada– Creo que no hay nada más sexy que un hombre recubierto de harina… O que cocine para ti…
– ¿Alguna vez habéis probado a cocinar desnudos tú y quien sea? –pregunta Isabel curiosa– Y si es algo dulce mejor, da pie a que en vez de usar el trapo de cocina te comas todo lo que se “desperdicia”… A mí –prosigue imparable– lo que realmente me pone son las bodegas. Ese olor a vino, los vapores del alcohol flotando, la humedad…
– Cari, ¿hace cuánto que no vas a una bodega?
– A mí, sin embargo, lo que me encienden son los probadores. Imaginad la situación. Una puerta cerrada, o una cortina echada, un hombre maravilloso dentro, quitándose la ropa… ¿Cómo resistirse a la tentación de irrumpir y pillarle con los pantalones bajados?
– Carmen, ahora ya sé por qué hay un cartel en las tiendas que dicen lo de “máximo una persona en el probador”– apunto entre las carcajadas de todas.
Una vez en casa reflexiono sobre las respuestas de mis amigas. Como pensaba, cada persona es un mundo. Y es que, aunque todo lo que han dicho suena excitante, para mi líbido no hay nada mejor que un viaje. No sé qué tiene estar lejos de casa, en un lugar extraño, pero cada vez que viajo acompañada me convierto en una depredadora, dispuesta a devorar a mi acompañante. Quizás ea el recuerdo de mis vacaciones de adolescente, donde todo, o casi todo, estaba permitido. O quizás es que es en esos momentos cuando me siento libre de toda atadura y la máxima de “disfrutar del tiempo” sea aplicable a todos los ámbitos de mi vida.
Sea lo que sea, estoy convencida de que un buen viaje es lo mejor para revitalizar una vida sexual algo apolillada. Ahora que lo pienso, creo que tengo que hacer una llamada… ¿Habrá alguna oferta interesante en Internet?

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