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December 28, 2005

Posted by Tindriel in Telegramas.
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–Hoy es el día de las inocentadas ¿os han gastado alguna? A mí no, y tampoco he visto u oído ninguna en algún medio de comunicación, ¿significa eso que estamos perdiendo el sentido del humor? Espero sinceramente que no.

–Esta mañana he visto a Don Quijote y a Sancho Panza en la Estación de Atocha. Firmaban, y regalaban, ejemplares de esa obra de la que son protagonistas. Por desgracia no he llegado a tiempo de conseguir mi copia.

–Existe una tienda de cómics en Madrid con la que nunca consigo entenderme. Hoy les he llamado para preguntar por un manual de rol, y la conversación ha sido kafkiana. Voy a tener que dejar de llamarles y, simplemente, acercarme por allí cuando quiera algo, es mucho más eficaz.

–Acaba de bajar mi ex jefe a mi sitio. Sí, el director que me contrató. Estaba corrigiendo un texto suyo y ha venido a cambiarlo. Tras el trabajo me ha preguntado qué tal estaba y, no sé por qué, me ha señalado que había engordado. Supongo que cuando no te lo dice sólo tu madre, sino una persona objetiva, es que es verdad. Así que he decidido ponerme a régimen (las cenas navideñas de mi familia tampoco van a ser un gran obstáculo, la verdad). Se acabaron las coca-colas y los frutos secos. La mala comida y las ensaimadas de la mañana. Y se acabó el mocho de las partidas (a partir de ahora me llevaré fruta, chicos). No tengo ninguna intención de volver a ponerme como una vaca. No va a ser fácil, pero no quiero volver a mirar la ropa de mi armario y saber que nada de lo que hay en él me vale.

–Chocolate. Existe en mi redacción una pequeña mesa auxiliar que separa las secciones de redacción y maquetación-edición. En esa mesa es costumbre poner aquellos regalos, productos o libros que la gente recibe y no quiere. También se ponen aperitivos y bebidas cuando alguien celebra algo (cumpleaños, contratos…). Hace unos segundos un compañero ha decidido compartir un regalo de Navidad: chocolate con almendras. No sólo chocolate, sino chocolate blanco, negro y con leche. tiene una pinta deliciosa, y la gente comenta en voz alta lo bueno que está. A veces odio tener alergia… (aunque claro, no podría comer, que me acabo de poner a régimen).

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