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Maestros en lo suyo May 25, 2007

Posted by Tindriel in La vida.
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El 12 de junio se inaugura en Madrid una exposición que no pienso perderme: Van Gogh. Los últimos paisajes. Auvers-sur-Oise, 20 de mayo-29 de julio de 1890. La muestra recoge obras realizadas en Auvers en los 3 últimos meses de la vida de este genio, e incluye algunos de los paisajes más hermosos y más sombríos que alguna vez salieron de su pincel.

Vincent Willem van Gogh es, sin duda, mi pintor favorito (qué infantil suena esto). No hay obra suya que haya visto y no me guste, que no me haya transmitido algo. La elección de colores, los trazos, las perspectivas forzadas y la fusión de los límites consiguen siempre captar mi atención. Y de la admiración por su obra surgió hace años la curiosidad por su persona.

Van Gogh no era feliz, no lo fue nunca, salvo en pequeños destellos de normalidad, o de excitación febril ante una nueva perspectiva. Se volcó en la religión, se volcó en la pintura. Se volcó con un deseo enfermizo en todo aquello que emprendía, y, al final, acababa fracasando en todo. Su enfermedad mental fue su condena como ser humano, pero su hipersensibilidad le convirtió en uno de los grandes genios de la pintura. Cara y cruz de la misma moneda.

Sin embargo, y a pesar de lo dicho sobre Van Gogh, la pintura más hermosa, en mi opinión, no salió ni de su mano ni de su cabeza, sino de la de un amigo suyo: Henri Marie Raymond de Toulouse-Lautrec Monfa. Una persona para la que su origen fue también su castigo y su premio. Su castigo porque su linaje, de una familia aristocrática “pura”, lo convirtió en un ser humano lleno de defectos congénitos. Su premio porque, gracias a su apellido pudo dedicarse de lleno a lo que mejor sabía hacer: pintar, ilustrar, retratar la vida nocturna…

Pudo convertirse en un ser desgraciado y amargado, y aunque la sombra de la depresión siempre sobrevoló su cabeza, no se dejó amilanar. Se hizo un hueco en los corazones de los que le rodeaban, convirtiéndose en confidente y maestro de muchas de las prostitutas del Moulin Rouge. Trató de sacar todo lo que pudo a la vida, y de que los demás la sacaran también.

Van Gogh y Toulouse-Lautrec son dos arquetipos de artistas, representan 2 de las 3 tendencias más habituales en cuanto a lo que se conoce como “comportamiento artístico”. El tercero es el del desprecio. El que coloca al artista en lo alto de un pedestal desde el que observa a los demás, interactuando con ellos como lo hace la reina de la colmena con sus obreras y sus zánganos.

Como norma general estos hombres y mujeres consideran que el respeto de los demás es algo que les es debido, algo que les pertenece por derecho por el simple hecho de ser brillantes en algo. Y que esa misma cualidad, o calidad en un ámbito, es la que les permite tratar sin respeto alguno a los que les rodean, despreciarles en pensamiento y en acto. Picasso, Sartre, Simone de Beauvoir, Dalí… son solo algunos nombres de estos otros genios, cuya obra es tan válida como la de los demás, pero cuya calidad humana no es, en mi opinión, comparable a la de Toulouse-Lautrec.

Para ser especial, para ser respetado, para obtener la admiración de los demás no es necesario elevarse en el podio de la autocomplacencia y mirar y tratar a los demás como simples marionetas. Para hacer lo que quieras en la vida no es necesario menospreciar a los demás. Toulouse-Lautrec y Picasso hicieron lo que quisieron con y en su vida, pero Toulouse jodió a la menor cantidad posible de gente, mientras que Picasso despreció y humilló a todos aquellos que se le acercaron.

La obra de nuestra vida no son solo los cuadros que pintamos o los ensayos que escribimos. Es también la huella que dejamos a los que nos rodean, lo que enriquecemos su vida. Por desgracia parece que el último modelo (Picasso, Sartre…) es el destinado a pervivir.

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Puzzle May 9, 2007

Posted by Tindriel in Yo soy yo.
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Un día cualquiera, en tu casa. Ilusionada, retiras el plástico transparente que recubre la caja. Una caja blanca, sin más señas. Sin ninguna foto en el frontal y sin instrucciones. Con cuidado, retiras la tapa, y ahí están. Las piezas del puzzle. Pasas tus dedos sobre ellas, las separas. Admiras los colores, las pequeñas formas, y disfrutas con la promesa de un hermoso resultado final. Poco a poco sacas las piezas, agrupándolas según tamaños, formas, colores. Y empiezas a colocarlas. Primero los bordes, luego el relleno.

Pasa el tiempo, y cada vez dedicas más minutos de tu vida al puzzle. Ilusionada, feliz, divertida. Jugueteas con cada pieza antes de colocarla, admirando el trabajo hecho a cada paso. Poco a poco avanzas, y aunque a veces, a falta de instrucciones, es difícil, siempre consigues encontrar la pieza adecuada. Aunque a veces tardes mucho.

Pero un día, tras colocar una pieza, observas que ya no quedan casi sueltas, que las has puesto casi todas. Y, orgullosa, miras lo que llevas hecho. Y no te gusta. No te gusta nada. Los colores son estridentes, la composición caótica. Y aunque no lo has acabado sabes con certeza que el resultado final, lo que estás viendo, no te gusta. Miras por encima del hombro, no hay nadie mirándote, y con cuidado vas quitando piezas. Porque crees que si pusieras ésta más a la derecha, el resultado sería mejor. Y ésta otra en el centro. Y ésta…

Acabas el puzzle. Tú puzzle. Y lo miras orgullosa. Tratas de pasar por alto el abombamiento del centro. Las piezas mal encajadas de la derecha. Y tratas de convencerte a ti misma de que, en realidad, no es porque el puzzle no tuviera que ser así, sino porque las piezas están mal recortadas. Te alejas un poco, y cuando retiras tus manos, las que sujetaban esos trozos que sobresalían, las piezas saltan y la composición se rompe.

Te muerdes el labio y asumes que, en realidad, lo estabas haciendo bien la primera vez. Y vuelves a empezar. Recoges las piezas que has cambiado de sitio, y las colocas correctamente. Sin prisas. Intentando convencerte de que la elección de colores es audaz, que la composición es valiente. De que el resultado final será hermoso.

Pero no es así. Cuando colocas la última pieza sientes un nudo en el estómago. No es hermoso. Y no lo pondrías en el salón de tu casa. Así que miras tu obra y te preguntas qué hacer.

Podrías retirar las piezas que menos te gustan, los trozos que más te desagradan, y buscar otra bolsa con nuevas piezas. Con piezas que encajen en lo que quede del anterior puzzle. O puedes, con mucho cuidado y delicadeza, retirarlas todas, meterlas de nuevo en la bolsa y salir a comprar un nuevo puzzle

May 5, 2007

Posted by Tindriel in Cine.
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Después de esperar durante años a que sacaran la tercera secuela, después de babear con cada trailer. Después de pagar 7 euros por verla, ha resultado ser una de las peores películas que he visto en mucho tiempo.

-Porque hacer un corte de mangas a toda la historia de Spider-Man, a uno de los personajes creados con más cariño por parte de Stan Lee y John Romita, merece ser castigado con una eternidad en el infierno.

-Porque convertir a J. Jonah Jameson en paradigma y defensor del buen periodismo es como pretender que Herodes se encargue de una guardería.

-Porque la escena de la bandera americana debería ser quemada y eliminada de cualquier sitio.

-Porque Venom es lo mejor de la película y aún así no la salva de ser lanzada al Sol en un cohete cargado de bombas nucleares.

-Porque hacer aparecer el personaje del Capitán Stacey y convertirlo en un simple mensajero de malas noticias es negarle el valor que ha tenido siempre.

-Porque el momento “Axe Spider-Man efecto 24h” da más vergüenza ajena que El guateque y tu peor borrachera juntas.

-Porque negar el enfrentamiento entre Spider-Man y el Duende Verde es como intentar que Bush y Bin Laden luchen codo con codo por la paz mundial.

– Porque San Reimi ha visto demasiadas veces La Momia.

-Porque justificar la muerte del Tío Ben con una excusa tan pobre como el miedo y la tensión es de críos.

-Porque decir que una masa de 90 kilos es un “pájaro” es tratarnos de idiotas.

-Porque el día que Stan Lee aprobó los guiones de Ghost Rider y Spider-Man 3 se dio un golpe en la cabeza. Los agujeros en las paredes de su piso deben ser posteriores, cuando descubrió la mierda que había hecho.

-Y porque verla después de 300 es como comparar el arroz con leche que hizo una vez, y una sola mi madre (echando pimienta en vez de canela), con el plato más delicioso que has probado nunca.

-Y porque, por mucho que en Rotten Tomatoes le den un aprobado (61%) es una mierda de mucho cuidado que sólo podría haber sido pero si la hubiesen hecho más larga…