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Crisis creativa November 9, 2005

Posted by Tindriel in Aquellos maravillosos..., Yo soy yo.
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Esta noche, en un esfuerzo sin precedentes, he intentado ver la televisión. Seguir algo que pusieran y que no estuviera pregrabado en alguno de los miles de CD y DVD que hay por mi casa. No he sido capaz. Me importan tres pimientos los problemas de Steven Seagal o Lydia Bosch en su papel de periodista con escrúpulos persiguiendo asesinos neuróticos. Y menos aún los desquiciantes diálogos de una serie sin sentido en la que los actores no saben ni hacer bien aquello por lo que les pagan. He descubierto que la serie de la antes mencionada contenía un aliciente que podría haberme interesado hace unas semanas (Asier Etxeandia), pero sospecho que ha abandonado la serie para siempre. Así que al final he apagado la caja tonta y me he dedicado a rascarle la barriga a Ulises, que siempre es más productivo. También he pensado en si de verdad antes las series eran mejores o simplemente nos lo parecen por la distancia con la que las recordamos. la verdad es que quitando Los Fraguel y alguna otra serie de dibujos animados, no recuerdo nada especialmente interesante de unos años a esta parte (vale, rectifico: CSI, El Ala Oeste de la Casa Blanca y Gilmore Girls). Y lo que recuerdo, o he visto últimamente (el otro día conseguí ver el último capítulo de V, que me perdí en su momento) son cosas que preferiría olvidar que algún día existieron.

Pero si las series eran malas, los anuncios eran peor. Decenas de tintes que prometen devolver a tu cabello un aspecto que nunca tuvo. Anuncios de champús anticaspa con los que no sabes si vomitar o salir a la calle gritando “¡Está nevando, está nevando!”. Por no hablar de uno de parches saciantes que tiene el dudoso honor de haber conseguido que la sola aparición de kilos y kilos de bombones no me haya hecho querer meterme un chute de antihistamínicos seguido de una buena ración de chocolate. Y eso sin olvidar a los desquiciantes chiquiprecios, grcias a los cuales he pensado seriamente en exiliarme de este país y pedir la nacionalidad de, por ejemplo, Ucrania, sólo por no tener que avergonzarme cuando los oigo gritar “¡España, España!”. El resto, ni los recuerdo. Creo que, ahora mismo, solo se salvan dos creaciones publicitarias: el de Amstel (¡qué se le va a hacer si las ardillas de peluche me parecen muy monas y graciosas!) y los de Ikea, con un sueco de los más extraño que baila claqué mientras te vende unos colchones.

Hubo una época en la que la publicidad me atraía mucho, grababa los anuncios que más me habían gustado y los especiales que una extinta cadena privada de televisión ponía cada vez que se celebraba un festival. pero creo que ahora mismo no sería capaz de soportarlo. ¿Se puede saber qué está pasando? ¿Dónde están todos aquellos creativos que hace años creaban auténticas obras de arte? ¿Están trabajando en el Burguer King o acaso son los que vemos cada mañana en las colas del INEM? ¿O simplemente se han vuelto gilipollas? O, lo que es más preocupante aún, ¿nos habremos vuelto todos gilipollas y por eso hacen publicidad para tontos?

Y para rematarme la noche he descubierto que no puedo jugar al Civilization IV. Al parecer los creadores del juego tienen algún tipo de aversión (justificada o no) a cierto tipo de tarjetas gráficas de las que, por supuesto, mi ordenador es un orgulloso propietario (como tantos otros miles). Así que no puedo jugar. Internet está lleno de foros de gente que busca soluciones, sin encontrarlas, y de otros muchos a los que les gustaría tener a los creadores delante para dejarles muy clarita su opinión.

Y sigo sin saber cuándo sale el juego de Harry Potter y el Cáliz de Fuego para PS2… Para dos cosas buenas que hay que podían quitarme más aún de la tele y la crisis creativa, y no los consigo… Sniff. Mientras, me tendré que conformar con Fahrenheit (que tenemos a medias), Spyro y, en cuanto Rapun termine con él, Pesadilla Antes de Navidad. Lo que sea antes de aguantar una nueva sesión de televisión de hoy (con o sin anuncios).

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Mirando atrás October 16, 2005

Posted by Tindriel in Aquellos maravillosos..., Yo soy yo.
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Hoy he ido al cumpleaños de S. Hacía como unos 3 años que no la veía (10 minutos, de pasada, en una boda no cuentan), así que cuando me invitó, quise asistir. No solo porque existía la posibilidad de pasármelo bien, sino porque nos lo debía. S y yo fuimos muy amigas durante unos cuantos años, prácticamente toda mi adolescencia. Nos quisimos mucho, y simplemente la vida nos llevó por distintos caminos. Las veces que he vuelto a ver a toda esa gente con la que compartí muchos años han acabado más o menos igual: pensando en lo mucho que nos habíamos distanciado, en lo distintas que eran nuestras vidas, a pesar de que hubo una época en la que iban, más que paralelas, por el mismo camino. Hoy eso no me ha pasado, porque ya iba sobre aviso, por decirlo de algún modo.

Pero ha sido extraño. Como siempre pasa en las fiestas donde hay mucha gente que no se conoce de nada, se han ido haciendo grupos de aquellos que sí se conocían. Al final yo me he quedado con 3 personas, dos chicos y una chica: Gerardo, Jorge y Sara. Con el que primero he hablado ha sido con Gerardo, que parecía tan perdido como yo. De unos 24 años, iba con una camiseta de Dublín y con un reloj binario como el de FaHsS. Sí, era muy crío, pero también muy bonachón, y me ha caído bien. Con los otros hemos hablado luego, y no puedo decir que me hayan caído bien. Ella iba como una cuba y él era un prepotente bastante borde. En menos de 5 minutos han empezado a meterse con Gerardo, cosa que no me ha hecho mucha gracia. El caso es que, cuando ya me iba, me ha dado por pensar en lo distinto que había resultado todo a como me lo había imaginado. Y de ahí a cómo me hubiera gustado estar en otro sitio. Sí, he ido porque me ha dado la gana, yo lo he elegido así, pero no estaba donde quería estar. Ni siquiera cuando he visto en qué se estaba convirtiendo he hecho mucho para cambiar de sitio (un par de borderías y poco más es todo lo que he hecho). Podía haberme ido, pero no lo he hecho. Había elegido estar ahí, y aunque no era lo que me había imaginado, me he quedado más tiempo del que hubiera querido soportar.

Y me he dado cuenta de que en unas cuantas cosas de mi vida el esquema ha sido (y es) ése. Hago cosas pensando en cómo va a ser, y cuando no es, simplemente decido esperar, por si, con un poco de suerte, cambia. O lo hago cambiar. Pero, ¿es eso bueno? ¿Cuánto tiempo hay que esperar para dar por perdida una batalla? He ido a donde he querido, a donde he elegido, pero no estoy donde quisiera. ¿Cuántas veces tienes que caerte y volverte a levantar hasta que te das cuenta de que es mejor levantarte por otro sitio? ¿Dónde está la escala que mide hasta cuándo es bueno aguantar, hasta dónde merece la pena luchar?

En noches como ésta me pregunto si la opción que he elegido es la buena, la mejor para mí, o si hay otras que estoy mirando sin ver.

January 11, 2005

Posted by Tindriel in Aquellos maravillosos..., Ser Freak.
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(Aclaración: no, no os preocupéis, la plantilla no es definitiva, pero es que mi cabeza no daba para más a las 3.30 de la madrugada. Hoy seguiré con ella. Además, son solo pruebas, posiblemente para otro blog.)

El pasado domingo descubrí mi último regalo de Reyes. estaba oculto entre dos cojines (regalo de mi primo) que estaban guardados en una bolsa de plástico. Hasta que no los saqué, y ordené todos los obsequios, no me di cuenta de que había algo más: un pequeño paquetito muy bien envuelto que guardaba toda una joya. El DVD de Las aventuras de Enrique y Ana. Tras superara la estupefacción inicial, decidí que lo mejor que podía hacer era ver tan magna producción.

¡Dios! ¡Qué mala es la condenada! Con el paso de los años he vuelto a ver series y películas de mi infancia. algunas han envejecido bien. Otras, no se salvarían de la hoguera destructiva de los peores productos de la Historia. Por supuesto que no le pedía gran cosa al argumento, ni a las canciones, ni a las actuaciones, ni a nada. Pero joder, es que se pasan. Y me pregunto si el llevarnos a verla era algún tipo de venganza de nuestros padres por:
a) No comernos la verdura.
b) Haber llorado demasiado por las noches cuando éramos bebés.
c) No dejarles disfrutar de su vida sexual (por la razón b, por ejemplo).
d) Haber destrozado su vida social.
e) Todas las anteriores y alguna más.

Sea por lo que sea, la verdad es que si alguna vez queréis torturar a alguien, o queréis crear algún tipo de trauma psicológico incurable en algún tierno infante, lo mejor que podéis hacer es atarle a una silla y obligarle a ser semejante esperpento durante 24 horas seguidas. Lo que me extraña es que, después de todo, los que la vimos en los 80 hayamos salido bastante bien parados de la experiencia. Eso sí, en mi tirada de Resolución + Compostura con dado de azar, el otro día saqué un -1. A saber qué trastorno me depara la experiencia.

Ese mismo día, y para seguir con la tónica cinematográfica, pude ver otro de los grandes clásicos de Hollywood: Golpe en la pequeña China. Inenarrable. La calavera made in casino de Las Vegas, el dominó de los budas barrigones, el cortocircuito religioso, la actitud muy positiva ante la situación y el forcejeo de Kurt Rusell con un guerrero y su pesada armadura… Menos mal que ésta, bien por cansancio o acumulación insana, pude tomármela a risa, neutralizando así los posibles perjuicios de su visionado. Desde luego John Carpenter ha sido siempre muy fiel a su estilo.

Por supuesto, la cosa no podía quedar así, de modo que me llevé de casa de FaHsS!!! otro clásico que, seguro, habrá envejecido a la par que estas dos: Pesadilla en Elm Street. Pero tengo miedo de que las cuchillas de Freddy me provoquen las mismas carcajadas. Cara de pizza es de los pocos mitos de los 80 que aún siguen en su pedestal… ¿me atreveré a derrumbarlo?

Sentimientos de amistad y amor June 15, 2004

Posted by Tindriel in Aquellos maravillosos..., Yo soy yo.
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13.45

Quizás porque necesito contar muchas cosas muy distintas hoy he decidido escribir varias entradas. Una más ligera, la anterior, otra más seria, ésta, quizás luego siga con más. Leed las dos con la prevención que implica mi estado hormonal, no vaya a ser que se me vaya la mano con la forma, que el fondo lo tengo muy claro.

El sábado fue un buen día, a pesar de todo. Y la noche del viernes también, claro. Puede que yo no tuviera muy buen ánimo, pero las reuniones sociales a las que asistí me permitieron no sólo mejorarlo, sino darme cuenta de algunos errores que aún no había podido subsanar. De algunos fallos que se seguían cometiendo a mi alrededor. Y, sobre todo, de lo que yo sentía por los asistentes. Quizás lo que menos explicación necesite sea lo del viernes. Athe, Hetoo, beor: gracias por estar allí, por hacer de una noche que se anunciaba triste, y llena de recuerdos y remordimientos, algo muy agradable.
Pero lo del sábado… eso es muy diferente.
Aquella noche el calor y el cariño estaban allí, entre nosotros, de una forma que era casi física, atrapable entre los dedos. Y era tan agradable… Recuerdo que hubo un momento en que os miré a todos y casi lloro de alegría, porque estabais allí, cuando yo más lo necesitaba.
Se habló mucho aquella noche de la amistad, del cariño, de los athechuzos… Nada que no se haya hablado otras veces, pero quizás entonces yo estaba más sensible.
Pero no, no lo creo. Porque lo sigo pensando hoy, y lo seguiré pensando mañana… Sois todos tan especiales, tan capaces de abriros a los demás, y dejar que los demás entren…
A mí, que durante toda mi vida he huido de eso, me provocáis envidia, y ternura. Pocas ganas de haceros daño, y muchas de pegar una paliza a quien ose intentarlo…
Sois especiales. Algunos tenéis siempre una palabra amable, otros tenéis la palabra justa en los labios. La mirada de otros pocos es capaz de expresar tanto como algunas caricias inesperadas de unos cuantos. La capacidad de escuchar, de estar ahí aunque no te apetezca. La generosidad, el deseo de pensar siempre lo mejor de todos, sean quienes sean. La capacidad de sorprenderse, la sed de aprender…
Aquella noche pude entender por qué os quiero tanto, y por qué me queréis vosotros a mí. Pude gozar de vuestra confianza, metiéndome en conversaciones íntimas y ajenas. Me sentí enrojecer más de una, y más de dos veces.
Rapun me habló como hacía mucho que no ocurría. Pero no tenía razón en todo. Me habló de lo que yo había logrado en estos años, del cambio que había sufrido, para bien, de mi salida del hoyo en el que me metí solita. Y lo hizo como si fuera sólo mérito mío. Pero no es así, mi niña. Nada más lejos de la realidad.
Cuando ella y yo nos conocimos yo era, ciertamente, otra persona. Mucho más asustada, mucho más metida en unos muros que no pensaba derribar jamás. Y lo hice. No sé qué mecanismo se puso en marcha dentro de mí, pero sí sé cuál fue el detonante. Y cuál ha seguido siendo el combustible que me ha hecho seguir por ese camino. Habéis sido vosotros, chicos. Poco a poco, como ocurren estas cosas.
Me enseñasteis que no debía tener miedo a sentir con intensidad, a reír con fuerza y a levantarme por las mañanas con una sonrisa. Aprendí que, si se elegía bien el quién no importaba que me abriera, que otros miraran en mi interior. Que vosotros no os ibais a asustar, y que si alguien lo hacía, no merecía la pena que me preocupara por ello.
El sábado fui consciente de que os gusto así, como soy ahora. Y de que a mí también me gusta. Descubrí que os preocupáis por mí, aunque no siempre se encuentre el mejor camino para demostrarlo. Que incluso están pendientes de mí gente que no hubiera pensado. Y desde aquella noche sólo tengo un deseo, no decepcionar. Ni a vosotros ni a mí. Porque ha costado mucho derribar los muros. Nos ha costado mucho a todos, y no merece la pena volver a levantarlos. En eso reside la amistad.
Hay, además, otra cosa que sé desde el sábado. Me lo dijo Kilmenir, un buen hombro del que empiezo a pensar que he abusado un poco. La idea la tenía, no sabía cómo hacerlo, y él me ayudó a encontrar el camino. Hay algo que debí decir hace ya mucho tiempo, cuando supe que era así, que no cambiaba con el tiempo. Cuando fui lo suficientemente valiente para reconocérmelo a mí misma, y debí reconocerlo ante los demás. Ante alguien en especial. Ante ti, Athair.
Porque aunque se terminó en febrero de hace un año, y atravesamos malos momentos, hubo cosas que, afortunadamente, nunca cambiaron. Porque sus posts me llenaban de ternura y esperanza: por seguir adelante cada día y porque, quién sabe, quizás alguno, el más simple, iba por mí.
Durante un año casi no me atreví a mirarte a los ojos. Era tanto el dolor… en los tuyos y en los míos… Y ese fue el error, no mirarte, y no mirarme. No pedir un cambio de butaca en un estreno; devolver una entrada deseada, no por el espectáculo, sino por la compañía; no aceptar un café que sabía dulce y no amargo. Cerrar puertas, poner candados a las ventanas, tapiar con hormigón los resquicios.
El día que salí del agujero negro en el que había convertido mi vida, supe que debía decírtelo. Fue tan dulce tu comentario… Y seguí parada. Intentando derribar unas barreras que, como el tiempo demostró, sólo podía derribar tu mirada. Sólo una pregunta, un proyecto largamente acariciado que pronto se hará realidad.
Deseaba tanto que aquella noche aparecieras por nuestro refugio que rompí las reglas y te pregunté. Esa noche o nunca, pensaba. tenía la excusa perfecta para pedir una segunda oportunidad, e intuir tu respuesta. Y si decías no… bueno, si decías no, sabía que tendría que olvidarte. Pero no lo hiciste. No sé si supiste ver en mí lo que aún no te había dicho, o la curiosidad fue más fuerte que tus prevenciones.
De eso hace dos meses. Las cosas han cambiado, a mejor. Tú no eres el mismo, y yo tampoco. Pero eso no es malo, en absoluto es malo. Ha habido síes y noes en este tiempo. Unos esperados, otros igual menos, pero no importa. Hay tiempo. Sigues poniendo un nudo en mi estómago. Sigo descubriéndome sonriendo a solas, sólo por recordar tu voz.

Nada sale como lo planeas May 13, 2003

Posted by Tindriel in Aquellos maravillosos....
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16.52

Es cierto. Casi nunca las cosas son como te gustaría, pero si bien hay veces que eso me enfurece, otras, simplemente, me da igual. Ahora, por fortuna, estoy en esa etapa. A ha vuelto, y aunque le he echado de menos nuestra primera conversación telefónica con él de vuelta no fue lo que me hubiera gustado, la verdad. Odio discutir, y más si es con él. En fin, espero que esta tarde todo sea distinto. Pero aún así, no consigo que me importe demasiado si hemos discutido o no.

Por lo demás, como siempre. Bueno, o casi. La semana pasada estuve tres días de baja (si es que se puede llamar así), pero ya estoy bien, o casi. La picadura arácnida que, por desgracia no me ha convertido en un superhéroe, también evoluciona favorablemente. Lástima que no pueda decir lo mismo del asma y la alergia, aunque los ataques me den motivos para estar alegre por no seguir fumando (ya llevo más de un mes).

Y hoy me han regalado un libro genial, El libro de la bola de cristal, escrito por quien dirigió el programa infantil que con más nostalgia recordamos todos. Trata de recuperar la memoria de aquellos que lo hicieron posible, contando anécdotas, opiniones… Recoge incluso algún guión de programa, profético aquel en el que Pablo Carbonell encarnaba al ideal norteamericano con Mr. Copyright. No recordaba yo la sección de Desenseñar a desaprender cómo se deshacen las cosas, los términos como galvanopláztico y las expresiones de la bruja Avería como Por Saticón, Orticón y Plumbicón.

Y me despido ya con una de las enseñanzas de aquel programa: Tienes quince segundos para imaginar; si no se te ha ocurrido nada, a lo mejor deberías ver menos la tele

And the Oscar goes to… March 25, 2003

Posted by Tindriel in Aquellos maravillosos..., Cine.
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00.45

Como música que amansa a las fieras, así la frase arriba reproducida reunió a cinco impresentables (sí, me incluyo) en el Aparthathe. Palomitas, patatas, pepinillos, pizzas, películas, petardos (no de los que estallan) y alcohol (vale no empieza por p pero no es mi culpa).
La oscarizada jornada empezó a las 17.30 cuando K pasó a recogernos a b y a mí. Una vez en el Aparthathe terribles pugnas por los ordenadores, lectura y contestación de mails, repaso a los blogs del Top Ten. Primera tanda de palomitas y visionado de la gran olvidada en la edición pasada de los Oscar Harry Potter y la piedra filosofal. La primera vez de b y la enésima mía. Risas y comentarios (tipo “yo quiero esoooo”) salpicaron las 2 horas y media que dura la película.
De nuevo peleas por el ordenador, asombro al comprobar cómo algún chalado había escrito su versión de Harry Potter y la orden del Fénix en ¡¡273 páginas!! Y otra película. Esta vez un clásico que ninguno, excepto yo, había visto: Ser o no ser. Lo mejor, la frase “lo que él hizo con Shakespera es lo que estamos haciendo nosostros con Polonia”. Visita rápida a una gasolinera para aprovisionarnos de Coca-Cola Light. Y empieza la noche de los Oscar, desde luego con inmejorables antecedentes. Las copas preparadas, la comida sobre la mesa y las apuestas cerradas y en mi poder.
De pronto, salta la sorpresa, ¡¡Jimmy Carter presentó los Oscar!! Nos miramos y empezamos a reírnos cuando comprobamos, no sin alivio, que todo ha sido obra de una confusión. Luego, la competición por ver si sabíamos los nombres de todas las películas que aparecían en la presentación de la gala. Buen resultado.
La velada, muy divertida. Carreras por ver quién tiene más aciertos. K a la cola, con 0 aciertos hasta las 4.30 de la mañana. Al final consiguió 3. B, H y yo, en cabeza, pero pronto empiezo a descolgarme (perdedores…).
A las 6 termina todo. Peeeedrooo ha recogido su premio, aunque esta vez “Pe” no estaba para dárselo. Escasas referencias a la guerra (estos americanos…), muchas risas a costa de las mujeres que se acostaron con Steve Martin y de las caras de Salma Hayek. Y por supuesto, una ganadora indiscutible. 14 aciertos y medio.
Cambio de planes. No dormimos en el Aparthathe. Cuando llego a casa, mi compañera se está levantando. Consigo llegar a mi cuarto sin que me vea. Mañana de descanso profundo.
A las 14 suena el teléfono. Mi ex, A, para tomar un café. Quedamos esa misma tarde (para quitármelo cuanto antes). Después comida (graaan ensalada), Embrujadas y South Park. Es la hora del café. Por supuesto, y dado el carácter de la cita vamos a la Cafetería Galaxia, a conspirar. Sorprendentemente todo va bien, no hay grandes tensiones y pasamos por los temas espinosos sin rozarlos. Al menos a mí ya no me duelen. Me cuenta que no le va bien con su chica, le escucho e intento aconsejar. No puedo. Sé cómo es y lo que significa todo lo que me está contando. Sólo espero que no lo pase muy mal.
A la voz de “¿cenamos?”, me despido rápidamente. Estuvo bien, hermano, pero no hay que estirar mucho de la cuerda. Además hoy tengo mi cita CSI. Aunque hoy no ponen CSI, ¡mierda! Aún así, fue divertido. Nueva serie en A3. Debate sobre qué debemos ver ahora, la nueva serie (que nos ha dejado con la intriga) o CSI Miami, que sin Grissom no interesa tanto.
Después la vergüenza ajena al ver a unos pseudofamosos que se pegan por quién le rajó la mochila a quien. Amenazas de deserción que se cumplen (a lo mejor así dura una semana menos el programa), llantos del público al conocer la noticia. Estupefacción en mi cara. ¿Pero es que nadie tiene un mínimo de sentido del ridículo?
Despedida y cierre. Buen fin de semana y comienzo de otra. Lástima que mañana tenga que ir a trabajar.

March 17, 2003

Posted by Tindriel in Aquellos maravillosos....
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12.47

He perdido la entrada que acababa de escribir. No es la primera vez que me pasa, pero sí la que más rabia me da. Sé que no voy a poder reconstruirla entera, que no va a quedar como antes. Pero al menos puedo hacer un esfuerzo e intentar reescribir lo más importante de ella.

La entrada de hoy estaba dedicada a dos personas cuyos blogs me han hecho pensar. Shelob y cygnus. Su intercambio de comentarios y entradas me han hecho resucitar el interés por el universo que ya tenía, y al que, en cierta forma, yo había dado un empujón este sábado al sacar de una biblioteca pública unos libros de matemáticas y astronomía. Quería daros las gracias por ello, a los dos, y además dedicar algunas lineas a lo que sobre vosotros he podido leer hoy.

A ti arañita, que no te dé miedo ser como eres y que los demás podamos verlo. Tu blog se ha convertido en una bonita forma de saber más de ti. No sólo de lo que cada día pasa por tu mente, sino también de lo que piensas y sientes, de cómo giran los planetas a tu alrededor, y de cuáles son esos planetas. Eres la estrella más brillante de tu universo, un mundo que los demás sólo rozamos en las esquinas. Unos más y otros menos. Como tu nick bien indica, has tejido una tela y nos has trapado en ella. Nos atraes tanto si estás alegre como triste, huraña o cariñosa, decidida o indecisa. Sigue siendo tú, que es lo que nos gusta.

A tí, agujero negro convertido en supernova, darte la bienvenida, pedirte que sigas escribiendo de estrellas, soles y universos. Que poco a poco nos dejes formar parte del tuyo, aunque sea como una constelación alejada del centro pero con la visibilidad suficiente como para poder ser testigos de tu expansión.

A los dos, en definitiva, que sigais escribiendo. Que ya sois dos brillantes estrellas en mi constelación preferida. Odiaría ver cómo os apagais con el tiempo sin haberme dado tiempo a conoceros algo más. Porque cada uno de los enlaces en mi blog, cada una de las direcciones añadidas a mis favoritos, tienen el algo necesario para ser supernovas en mi universo, para que puedan ser llamados constelaciones. Conjuntos de estrellas que guardan algo en común, que comparten satélites, lunas y sol, aunque ocupen un espacio y un tiempo diferente. Porque, por mi parte, ya formais parte del conjunto de lunáticos y errantes en cuyas vidas olfateo en busca de un poco de la verdad que hace que sigamos girando.

Y para terminar, el enlace. dedicado a vosotros. Con el mejor de los deseos y el más sincero de los cariños. La tarántula y la supernova.

Frases memorables February 1, 2003

Posted by Tindriel in Aquellos maravillosos..., Cine.
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3.36

Hemos encontrado un filón, aquí van las que recuerdo:

-¿Es niño o niña?
– Es una remolacha…

———–

El niño no podrá ir muy lejos, ella lleva los panties puestos…

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Esto está lleno de domingueros..¡¡¡y hoy es sábado!!!

———–

Y por último, algo que no es una frase, sino una imagen….¡¡¡¡Roger Moore bailando las Spice Girls!!!!

Athenethor January 31, 2003

Posted by Tindriel in Aquellos maravillosos....
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22.18

Hay veces en la vida en que tienes la suerte de encontrarte gente buena por el camino. Gente de la que puedes afirmar, sin asomo de duda, que es “una buena persona”.
Como norma general se les distingue a primera vista, aunque a veces necesitan un tiempo para salir del cascarón. En cualquier caso, cada día te sorprenden con una nueva muestra de ese gran corazón que alguien les dio. O que han ido forjando con el tiempo. Suelen ser generosos, desprendidos con todo lo que tienen. No sólo lo material, sino también con el cariño, las alegrías, las penas, la comprensión, la amistad. Tienen una sorprendente capacidad para amar, tanto a los que están muy cerca como a los que acaban de llegar a su lado. No les importa hacer favores, aunque éstos trastoquen sus planes. Con ellos al lado jamás te faltará un beso, un abrazo, una palabra amable o una verdad a tiempo. Velan por tí como nadie, salvo quizás tus padres, pueden hacer.
Como es evidente, no puedes por menos que quererles, mimarles, preocuparte por ellos. Y, en la medida en que te deja tu endurecido corazón, devolverles todo lo que te dan. Intentas imitarlos, pero nunca, y eso lo sabes de antemano, estarás a su mismo nivel.
Athenethor es una de esos raros especímenes que recorren el mundo poniendo una sonrisa en tus labios. Y yo puedo decir orgullosa que soy su amiga.

December 23, 2002

Posted by Tindriel in Aquellos maravillosos..., Yo soy yo.
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17.29

No sé por qué me da que la mitad de los asistentes (esto es, 4) nos preguntábamos horas antes “¿Pero yo que pinto aquí?”. La casualidad, el buen licor, las desventuras de reinar un condado o las canciones de la infancia nos habían llevado hasta allí. Pero una vez en la meta, no sabíamos cómo o por qué habíamos emprendido ese viaje.

Como siempre, cogí el miedo, hice una bola con él y lo guardé en una de las múltiples cajas de cartón que andan por mi casa. Me puse mi mejor sonrisa de vestido y salí dispuesta a que nada me amargara la noche. Aunque, todo hay que decirlo, las cosas no se presentaban muy bien. Un cúmulo de despropósitos amenazaba con caer al suelo desde mi espalda, y no sabía si iba a poder recoger los cachitos, la verdad.

La música (gracias Urban) ayudó a destensar la situación. Al menos al principio. Y el vino blanco y demás bebidas ayudaron a soltarnos la lengua. Lo mejor, las risas con Athe por la letra de las canciones. Todas muy adecuadas para la situación. No sé si Murphy tiene algo que ver en esto, pero es impepinable. Cuando estás en una situación difícil, el mundo se confabula para recordártelo. Aún así, decidí tomármelo con humor.

Luego, más alcohol. Miradas curiosas, situaciones tensas. Y el estallido. La pelea, los ojos fríos. Las manos que tiemblen. Y la decisión, inapelable. No quiero hablar, no quiero saber nada. Sólo que el mundo desparezca. Lástima que, como ya se comprobó hace una semana, las mantas no ta aislan del mundo. Aunque te escondas bajo ellas.

Y luego la conversación sentada en el suelo. La lágrima, el pañuelo. Y las declaraciones avivadas por el licor ingerido. Una sonrisa, un abrazo. Y vuelta a la realidad algo más animada. Un mensaje que descoloca, pero reconforta en parte.

Y más risas. La alegría de descubrir a dos amigos unidos. Más canciones, más recuerdos. Y una cama.

Levantarse y preguntarse si has hecho bien. Si alguien te odiará. Y descubrir que no. Dos horas al teléfono, sin arreglar nada, pero sin estropearlo más.

Vale, está bien. Lo pasé mejor hace una semana. Pero desde luego, donde esté un plan con la “alegre pandilla de la emperatriz” o los “athechuzos”, que se quite cualquier plan.

Os quiero chicos. Y repetiré en breve, y cuando haga falta, estad seguros de ello.